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Hoy es un buen día para entender cómo las percepciones filtran la realidad y eso nos hace darle un valor diferente a esta fecha en México y en Estados Unidos.

En el calendario cívico, en México el 5 de mayo no es de las fechas más destacadas, porque sin perder su importancia, se ve claramente superada por el 16 de septiembre como el día cumbre de los festejos históricos.

Pero en Estados Unidos hoy es el día de mayor relevancia para la mexicanidad. Las comunidades mexicanas de California encumbraron la fecha desde el siglo XIX, por el relato de triunfo del Ejército mexicano ante las tropas francesas en 1862, pero la conmemoración giró hacia una celebración de la herencia y la cultura mexicanas y ahí tomó su propio camino.

Entonces, la percepción, más allá de la objetividad de ser el Día de la Independencia la fecha más importante de la liturgia civil mexicana es lo que realmente cuenta para la comunidad hispana en Estados Unidos.

Con los datos económicos debería haber menos margen para las percepciones, porque son datos duros, fríos, objetivos.

Sin embargo, si algo ha quedado claro con el régimen actual es que la realidad, por más contundente que sea, no importa si lo que se pretende es sustentar un discurso en la percepción.

Las habilidades retóricas y la desfachatez populista de López Obrador le permitieron usar su mundo de “los otros datos” con total impunidad. Los que entienden ya no lo escuchaban y su feligresía le creía absolutamente todo.

El régimen sigue, pero esas habilidades para engatusar ya no están presentes, así que hay que recurrir a otros mecanismos para mantener en la clientela política la percepción de eficacia.

Era muy importante, por ejemplo, que la economía mexicana no encadenara dos trimestres consecutivos con resultados negativos del Producto Interno Bruto (PIB), porque era fácil argumentar que esa es la condición para hablar de recesión, aunque de facto no sea la realidad.

Y eso se evitó. O, mejor dicho, eso el Inegi lo evitó. La centralización del poder, la eliminación de las autonomías, la falta de transparencia y la mencionada necesidad de aportar a esa percepción de infalibilidad de la Cuarta Transformación han hecho que también los datos se tengan que tomar con un granito de sal.

El dato frío y duro de la estimación oportuna del PIB se reduce en la percepción a afirmar que la economía creció, con trabajos se cae en la cuenta de que la expansión fue de apenas 0.2 por ciento.

Pero en el detalle, hay una contracción trimestral de -0.3% en actividades secundarias y un cero en las terciarias que son las que sostienen 96% de la economía. El PIB trimestral se salvó del resultado negativo por un impresionante, increíble, 8.1% de expansión trimestral en las actividades primarias.

Un sector que el año pasado tuvo una caída de más de 2% repentinamente crece a tasa anual de 6%, sin absolutamente nada que explique lógicamente un boom agropecuario en México, al contrario.

La nobleza de la estadística permitiría hacer algunos ajustes, digamos temporales, para que ese dato les eche la mano a los otros componentes y se pueda jugar con la percepción de que vamos requetebién.

El sector primario el año pasado tuvo una caída de más de 2% repentinamente crece a tasa anual de 6%, sin absolutamente nada que explique un boom agropecuario en México.