Los “alertadores”, el censo… las simetrías

RubenCortes

Rubén CortésCanela fina

El dar dávidas gubernamentales sin un estudio socioeconómico serio termina convirtiendo a sus beneficiarios en alertadores y espías del gobierno

En la Nicaragua del dictador Ortega, el escándalo de hoy es un audio de una exministra del Interior que pide cooperar con los espías del gobierno. Esto recuerda a nuestra secretaria de la Función Pública y su anuncio de que la 4T tendrá “ciudadanos alertadores de corrupción”.

Y esto se convierte en un Hilo de Ariadna que lleva al censo que realiza nuestro gobierno a 22 millones de personas para integrarlas a sus múltiples programas sociales de reparto de recursos económicos, y que acaba de agregar a las abuelas que cuiden nietos por 40 pesos diarios.

El periodista Jorge Fernández Menéndez explicó la filigrana de este censo en su columna de Excélsior:

El gobierno federal no utilizó los censos de beneficiarios anteriores, ni federales ni estatales. Para dispersar los recursos, envían los datos a los diversos bancos encargados de hacerlo, mandan con los datos una foto de la persona censada, los bancos libran las tarjetas personalizadas, piden que se le tome una foto cuando reciben la tarjeta y retiran su primer pago, la foto se le envía a las autoridades, las cuales a su vez se la hacen llegar al beneficiario. Es un trabajo enorme y puntilloso, que genera una base de datos muy cercana y confiable, con múltiples usos.

Al final, cuando el gobierno culmine su abarcador censo, tendrá fotografía, nombre, dirección, teléfono y muchísima información de ciudadanos perfectamente localizables que, al recibir los beneficios económicos (y depender de éstos) podrían prestarse a solicitudes de quien les paga.

¿Para qué jugar con las palabras? Eso se llama clientelismo político y va eliminando en los ciudadanos los ánimos de ser mejores cada día con base en su esfuerzo y su iniciativa individual. No: esa estrategia de “Estado papá bueno” nunca tuvo final feliz. En ningún lado, eh.

Hay que insistir en ello: las dádivas o “apoyos” entregados sin estudios socioeconómicos profesionales y sin sesgo de clientelismo político, convierten a los ciudadanos en “verdugos benévolos”, como los denomina el escritor estadounidense Daniel Jonah Goldhagen.

Se trata de personas que, en principio, creen que, al ponerse al servicio del gobierno como agradecimiento al “apoyo”, están haciendo un bien social. Pero, en la realidad, pueden empezar por bienintencionados “ciudadanos alertadores de corrupción” a ser “delatores”.

Así empezó en Nicaragua lo que hoy es un escándalo político por el audio de la exministra del Interior, “exhortando” a cooperar con los espías policiales y militares y, brindarles toda la información que requieran, porque Nicaragua “está tan amenazada como Venezuela”.

Entonces, ojo, con las buenas intenciones que pueden tentar un ventajismo sobre millones y millones de personas cuya subsistencias dependan de programas benefactores de…

“una base de datos muy cercana y confiable, con múltiples usos”.