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En lo que va de este año, la Fed ha aumentado la parte baja del rango de la tasa de fondeo (que es la tasa de interés de referencia de corto plazo) de 0 a 0.75% y el mercado espera que dicha tasa termine el año cerca de 3 por ciento.

Asimismo, durante el mismo periodo, la tasa que paga el bono del Tesoro a 10 años (que es la tasa de interés de referencia de largo plazo) ha aumentado de 1.63 a 2.90% y la expectativa de mercado es que al cierre del año se ubique cerca de 4.5 por ciento.

De cumplirse las expectativas de mercado, tanto la tasa de referencia a corto plazo, como a largo plazo estarían alcanzando su nivel más alto desde el 2007, antes de la Gran Recesión.

Sin embargo, este recuento se refiere únicamente a las tasas de interés nominales ya que la historia es muy diferente si nos enfocamos en las tasas de interés en términos reales, es decir, ajustándolas por inflación.

Tomando en cuenta que la inflación, en términos anuales, se ubica actualmente en 8.3%, la tasa de interés en términos reales, tanto de largo como de corto plazo, se encuentran en territorio negativo.

Este es un fenómeno relativamente raro en la historia moderna de Estados Unidos. En los últimos 50 años, las tasas de corto y largo plazos han estado en territorio negativo en contadas ocasiones.

En el caso de las tasas de corto plazo, el primer episodio de tasas negativas se suscitó a finales del 2008, cuando la Fed bajó las tasas de corto plazo a cero, y la inflación anual se ubicaba en niveles de 3.7 por ciento.

Sin embargo, el fenómeno duró poco ya que la Gran Recesión provocó un escenario de deflación y durante casi todo el 2009 las lecturas mensuales de inflación arrojaron números negativos, con lo que la tasa de interés real a corto plazo regresó a terreno positivo.

No obstante, la tasa de interés de corto plazo en términos reales volvió a territorio negativo durante casi todo el periodo comprendido entre el 2011 y el 2017 ya que la inflación estuvo consistentemente por arriba del nivel de la tasa de fondeo.

Sin embargo, cuando la Fed comenzó a normalizar su política monetaria de manera más activa en el 2018-19, la tasa de corto plazo en términos reales regreso a territorio positivo.

En el caso de la tasa de interés de largo plazo (que típicamente es más alta que la tasa de corto plazo), el fenómeno de tasas negativas en términos reales es aún más raro. Con la excepción de unos pocos meses en el 2012, en el que la tasa nominal del bono a 10 años estuvo por debajo de la inflación anual, las tasas de largo plazo son casi siempre positivas en términos reales.

No obstante, hoy podemos observar que la tasa de largo plazo en términos reales se encuentra en su nivel más bajo en la historia moderna. Para que la tasa de largo plazo en términos reales regrese a territorio positivo será necesario que el bono a 10 años siga la trayectoria esperada por el mercado hacia 4.5% hacia finales de año y que la inflación baje de 8.3% actual a por lo menos 4.5% hacia el cierre del año.

Esta semana hubo diversas intervenciones públicas por parte de miembros de la Fed en las que es cada vez más evidente que la Reserva está dispuesta a tomar una postura más restrictiva si la inflación no comienza a ceder rápidamente.

El mercado parece estar incorporando una creciente probabilidad de que la única manera que la Fed podrá combatir la inflación es provocando una recesión.

Si la herramienta de la Fed es llevar las tasas de interés, en términos reales, a cero o a territorio positivo, parecería que el mercado está subestimando la magnitud de las alzas necesarias en la tasa de fondeo para alcanzar esta meta.