Hace prácticamente un mes hicimos un recuento de las últimas dos recesiones de la economía estadounidense y de la respuesta coordinada de las autoridades financieras para amortiguar la profundidad y duración de dichas recesiones.

Asimismo, concluimos que la economía de Estados Unidos lleva prácticamente dos décadas sin tener una recesión “normal” de carácter cíclico ya que la recesión del 2008-09 se dio por la explosión de una burbuja de sobreendeudamiento y la del 2020 por el choque exógeno de la pandemia.

Adicionalmente, subrayamos que la siguiente recesión probablemente sería consecuencia del agotamiento natural del ciclo económico actual, precipitado por la necesidad de aplicar una política monetaria más restrictiva ante las persistentes presiones inflacionarias y de la mano de un necesario apretón fiscal después del ambicioso despliegue de apoyos del 2020 y 2021.

Aunque también concluimos que la probabilidad de una recesión en los próximos trimestres seguía siendo baja en aquel entonces (33% de acuerdo a una encuesta de la cadena CNBC publicada a mediados de marzo), ésta había aumentado considerablemente entre finales de febrero y mediados de marzo.

Desafortunadamente, esta tendencia no ha cambiado en las últimas semanas. Hace unos días, Deutsche Bank (DB) se convirtió en la primera correduría en oficialmente pronosticar una recesión como escenario base para finales del 2023 y principios del 2024.

Para el equipo de análisis económico de Deutsche Bank, la actividad económica será impactada considerablemente por el endurecimiento de la política monetaria. Este endurecimiento contempla una serie de incrementos sistemáticos en la tasa de interés de corto plazo por parte de la Fed –que la llevaría por arriba de su nivel neutral– de la mano de un alza en las tasas de interés de largo plazo derivado del retiro de liquidez y disminución del tamaño del balance de la Fed que implica la venta de miles de millones de dólares en bonos del Tesoro de largo plazo y bonos hipotecarios.

Para Deutsche Bank, la presencia de un alto y persistente nivel de inflación le deja poco espacio a la Fed para actuar de otra manera. Sin embargo, Deutsche Bank anticipa una recesión corta y poco profunda.

En concreto, DB anticipa únicamente dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo y un aumento en la tasa de desempleo de 1.5 puntos porcentuales. Aunque DB es el primer banco en oficialmente pronosticar una recesión, las voces que ven una recesión como algo inevitable han comenzado a tomar fuerza.

Algunos ex integrantes de la junta de gobierno de la Fed, incluyendo a William Dudley (ex presidente de la Fed de Nueva York) y Lawrence Lindsey (ex gobernador de la Fed) piensan que la Fed se ha quedado muy rezagada en su proceso de normalización de política monetaria, y que para ponerse al día tendrá que restringir la actividad económica al grado de provocar una recesión inevitable.

Otra voz de peso que se ha unido al coro que ve un incremento importante en la probabilidad de una recesión es la de Jamie Dimon, Chairman y CEO de J.P. Morgan Chase. Aunque Dimon y J.P. Morgan no están pronosticando una recesión como escenario base, si están asignando una mayor probabilidad a un escenario de recesión provocado por la Fed.

Para J.P. Morgan, el impacto en los precios de algunas materias primas clave provocado por la invasión rusa a Ucrania ha venido a exacerbar una situación inflacionaria que ya era muy complicada a raíz de las disrupciones en las cadenas de suministro generadas por la pandemia.

Por ahora, la mayoría de los especialistas sigue apostando a que la Fed podrá controlar las presiones inflacionarias sin provocar una recesión, sin embargo, esta mayoría se hace cada vez menos robusta.