El 2021 fue otro año extraordinario para los mercados accionarios a nivel global y en especial los de Estados Unidos. En el 2021, el S&P 500 tuvo un alza de 27%, superando ampliamente las expectativas de los especialistas que vaticinaban un incremento de 7 por ciento.

El fuerte desempeño del 2021 se da después de alzas de 16% en el 2020 y de 29% en el 2019. Después del descalabro de la crisis financiera del 2008, cuando el S&P perdió 38.5% de su valor, el índice ha presentado un desempeño positivo en todos los años con excepción del 2015 (-0.7%) y del 2018 (-6.2% por ciento).

El común denominador de la última década fue la gran cantidad de liquidez creada por los bancos centrales y el desplome en las tasas de interés que detonaron una búsqueda desesperada por rendimientos en activos con un perfil menos conservador.

La primera ola de liquidez se generó a raíz de la crisis del 2008-2009 con el primer gran programa de estímulos cuantitativos. Entre el 2008 y el 2013 el balance de la Fed se cuadruplicó, pasando de 900,000 millones a 3.6 billones de dólares.

Hacia finales del 2013, la Fed comenzó a reducir gradualmente el monto mensual de inyecciones de recursos frescos hasta concluir su programa de estímulos cuantitativos en octubre del 2014.

Sin embargo, la Fed siguió reinvirtiendo el dinero proveniente de intereses y amortización de estos instrumentos por lo que su balance siguió aumentando hasta alcanzar un máximo de 4.5 billones de dólares en septiembre del 2017.

A partir de principios del 2018, la Fed comenzó un proceso muy gradual de reducción de su balance mediante el retiro de liquidez de los mercados.

Durante el 2018, último año en el que el S&P 500 tuvo un desempeño negativo, la Fed redujo su balance de 4.5 a 4.0 billones de dólares. Durante el 2019 la Fed continuó reduciendo su balance hasta llevarlo a 3.8 billones en septiembre de ese año.

Sin embargo, en septiembre del 2019 la Fed se vio en la necesidad temporal de inyectar liquidez a los mercados como respuesta a una crisis de liquidez en los mercados de dinero de muy de corto plazo.

Aunque la magnitud de dichas inyecciones fue menor en comparación con los programas anteriores de estímulos cuantitativos, el balance de la Fed cerró el 2019 en 4.2 billones de dólares.

Con la llegada de la pandemia a principios del 2020 la Fed se vio obligada a implementar un nuevo y mucho más grande programa de estímulos cuantitativos. Entre marzo y junio del 2020 la Fed inyectó casi 3 billones de dólares, llevando el nivel de activos en su balance a un nuevo máximo histórico de 7.2 billones de dólares.

En un esfuerzo adicional por mitigar la crisis y otorgar liquidez a los mercados, la Fed anunció una ampliación del programa de inyecciones de liquidez a 120,000 millones de dólares mensuales sin fecha de caducidad.

Este nuevo programa llevó el balance de la Fed a un nuevo máximo histórico de 8.8 billones de dólares al cierre del 2021. No es casualidad que los únicos dos años de la última década en los que el S&P 500 no tuvo un buen desempeño fueron el 2015 (año en el que la Fed redujo la reinversión de intereses del portafolio) y el 2018, año en el que la Fed comenzó a reducir su balance retirando liquidez del mercado.

Es importante entender este contexto porque a finales del año pasado la Fed anunció que comenzaría a normalizar su política monetaria.

El primer paso es una disminución escalonada del monto mensual de inyecciones de liquidez. La Fed dejará de inyectar liquidez en marzo de este año. Asimismo, la Fed ha transmitido su intención de subir la tasa de interés de referencia en por lo menos tres ocasiones durante el 2022 aunque el mercado ya comenzó a descontar cuatro alzas. En la próxima edición de Sin Fronteras analizaremos las perspectivas del S&P 500 para el 2022 dentro de este contexto.