La llegada de la pandemia tuvo un impacto temporal y otro fundamental en el mundo del petróleo. Ante el paro de la actividad económica hacia finales del primer trimestre del 2020, el precio del petróleo Brent cayó de 66 dólares al cierre del 2019 a un mínimo histórico en abril de 2020 –el precio intradía llegó a terreno negativo.

Después de esa caída estrepitosa, el petróleo ha mostrado una tendencia alcista prácticamente ininterrumpida que ha llevado los precios a su nivel máximo desde el 2014. El barril de petróleo Brent cotizaba, al cierre de esta edición, por arriba de los 100 dólares por primera vez desde agosto del 2014, superando fácilmente el máximo del último lustro de 83 dólares registrado en enero del 2018.

El fuerte incremento en el precio del crudo se debe a un robusto aumento en la demanda, derivada de la recuperación económica, y un incremento mucho más lento de lo esperado en los niveles de oferta. Si el desplome en el precio del petróleo observado en el 2020 fue a causa de factores temporales generados por la pandemia, la lenta recuperación en la oferta es consecuencia de factores de carácter fundamental que fueron acelerados por la pandemia.

La inversión en exploración y producción de petróleo ya estaba en un ciclo débil ante el difícil entorno de precios que comenzó en el 2014 y prevaleció durante la segunda mitad de la década que concluyó en el 2020.

Por un lado, este entorno de precios bajos hizo menos rentable la exploración y producción en yacimientos de shale oil, que tienen un mayor costo de extracción, pero habían sido responsables de buena parte del aumento en la oferta de petróleo de los últimos 15 años. Muchas de las empresas dedicadas al shale oil vivieron un lustro muy complicado, con flujos de caja limitados y retornos pobres para sus accionistas.

Por otro lado, los compromisos globales para reducir las emisiones de carbono detonaron una diversificación en la inversión de las principales empresas petroleras del mundo hacia proyectos de energías renovables. Esta situación, ha contribuido a generar un déficit multianual de inversión en la exploración y producción de petróleo.

Como consecuencia, la oferta de crudo a nivel global no ha podido recuperar los niveles que tenía previo a la pandemia. Aunque la OPEP se ha movido para ir aumentando sus niveles de producción gradualmente, la oferta global se mantiene deprimida ante la lenta reactivación de los productores de shale y la falta de inversión de los productores tradicionales.

Para dar una idea del impacto de esta situación vale la pena hacer un breve recuento histórico del número de pozos activos en Estados Unidos.

Antes del inicio de la revolución del shale, el número de pozos activos oscilaba entre 100 y 200. Este número empezó a crecer en el 2005 con los avances tecnológicos y el aumento en el precio del petróleo que incentivaron un aumento en la producción.

El número de pozos activos alcanzó un máximo de 1,582 en octubre del 2014. Sin embargo, la caída de los precios del crudo en el 2014 volvió inviables, desde el punto de vista económico, a muchos yacimientos de shale.

Para mayo del 2016 el número de pozos activos había caído a 318. Después de tocar ese mínimo post shale, la recuperación en el precio del crudo observada entre el 2016 y el 2018 llevó el número de pozos activos a 887 a finales del 2018.

Durante el 2019, justo antes de la pandemia, el número de pozos activos se mantuvo en un promedio mensual arriba de 700. Con el desplome en la demanda generado por la pandemia, el número de pozos activos tocó un mínimo de 176 en agosto del 2020.

En las últimas cifras publicadas, al 18 de febrero, el número de pozos activos era de 520, cifra considerablemente inferior al nivel pre-pandemia. Como consecuencia, la producción diaria de crudo en Estados Unidos es todavía inferior en 10% al nivel prepandemia.

La adopción de nuevas fuentes de energía se debe traducir en una menor demanda y oferta de petróleo en el largo plazo. Sin embargo, en el corto plazo, la llegada de la pandemia generó un impacto temporal en la demanda y exacerbó uno fundamental por el lado de la oferta.

A esta situación se suman factores coyunturales geopolíticos como posibles sanciones a Rusia por su amenaza de ocupación en Ucrania. Estos factores hacen pensar que los precios del petróleo podrían permanecer por arriba de la banda de 50 a 70 dólares frecuentemente observada en los años previos a la pandemia.