El debate inflacionario (II)

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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

Otro factor importante es que la entrada de China a la OMC en el 2001 tuvo una gran contribución a la globalización y el incremento del comercio internacional con un impacto deflacionario a nivel global

(Parte 2 de 2)

En la última edición de Sin Fronteras analizamos los principales argumentos de los especialistas que aseguran que el incremento actual en la inflación es un fenómeno transitorio que se irá desvaneciendo en los próximos meses conforme superemos el efecto base de los meses en los que hubo deflación en el 2020 y se vayan deshaciendo los cuellos de botella provocados por la pandemia en las cadenas de producción y suministro de algunos sectores.

En esta edición nos centraremos en evaluar los argumentos de los especialistas que anticipan un repunte inflacionario de un carácter más duradero. Es cierto que en la década anterior la que la inflación brilló por su ausencia a pesar de una vorágine de estímulos monetarios. Sin embargo, las condiciones en la actualidad presentan marcadas diferencias.

En primer lugar, los estímulos monetarios implementados hasta ahora son de mayor magnitud. Desde el comienzo de la pandemia, Estados Unidos ha incrementado su oferta monetaria en casi 30%, en comparación con 10.5% durante la Gran Recesión. En segundo lugar, los estímulos monetarios han sido acompañados de una expansión fiscal de proporciones mayúsculas, muy superior a la observada en el 2009.

Los estímulos fiscales que se han implementado desde el inicio de la pandemia son equivalentes a aproximadamente 25% del PIB mientras que en la crisis del 2008-09 los estímulos no llegaron a 5% del PIB. Otro diferenciador clave es que después de la crisis del 2008-09 la demanda agregada estaba totalmente deprimida, los circuitos de crédito rotos y el mercado laboral en estado catastrófico.

En esta ocasión, el desplome económico llegó por razones sanitarias en un momento en el cual la demanda agregada, el sector financiero y el mercado laboral gozaban de cabal salud. Esta combinación de factores ha contribuido a que la velocidad de circulación del dinero sea sustancialmente mayor a la observada en los años posteriores a la Gran Recesión.

Otro factor importante es que la entrada de China a la OMC en el 2001 tuvo una gran contribución a la globalización y el incremento del comercio internacional con un impacto deflacionario a nivel global –la mudanza de manufactura de países con altos costos salariales a geografías de menor costo contribuyeron de manera fundamental a limitar la inflación.

En la actualidad, la guerra comercial entre China y Estados Unidos – iniciada por la administración Trump y continuada de manera más callada pero firme por la administración Biden– ha desacelerado el proceso de globalización y limitado los beneficios del comercio internacional en los procesos de formación de precios.

La inflación que hemos observado en precios de bienes (principalmente materias primas) y servicios con problemas de cuello de botella en cadenas de suministro o sectores en los que hubo deflación en el 2020 no son realmente materia de intranquilidad.

La principal fuente de preocupación está en el mercado laboral donde la escasez de mano de obra en varios segmentos está generando inflación salarial. Puestos que antes comandaban salarios entre 15 y 18 dólares la hora están encontrando dificultades para ocuparse aún con salarios que han aumentado a 20 y 25 dólares por hora.

Estos incrementos salariales son superiores a la inflación observada y también están por arriba de la inflación esperada. El ritmo de crecimiento de los salarios es superior al de la creación de empleo. Esta situación puede estar exagerada por los beneficios (subsidios) extraordinarios por desempleo que está recibiendo la gente, éstos expiran en septiembre y entonces podremos ver si la tendencia se mantiene.

Los salarios perdieron terreno ante la inflación durante la década anterior y por fin parecen estar recuperando parte del territorio perdido. Esto no es una mala noticia. Sin embargo, el reto radica en que el nivel de inflación salarial se puede volver incompatible con la política monetaria actual.

El hecho de que la Fed no piense modificar su política monetaria hasta que el mercado laboral esté en pleno empleo podría contribuir a que la inflación tenga un carácter menos transitorio de lo que espera el mercado.

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