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La candidatura de Trump empieza a perder fuerza. Muchas de las conductas que en la elección primaria le sumaron apoyos se han convertido en un lastre en la actual contienda frente a Hillary Clinton. Llevar al extremo algunos posicionamientos lo ha perjudicado, pero es su personalidad la que lo hunde.

Como escribe Thomas L. Friedman en The New York Times: “Olvidémonos de la política”, lo importante es que Trump es un “ser humano deleznable”. Dos momentos recientes dan cuenta de eso. El primero de ellos, y sobre el que escribe Friedman, fue la insinuación de que, para evitar que Clinton derogara la Segunda Enmienda a la Constitución de ese país que da el derecho a poseer y portar armas, la gente usara esas mismas armas.

El otro momento lo marcó la ruin descalificación a los padres de un soldado americano musulmán muerto en Iraq. La reacción de Trump fue considerada como un grave error y provocó la desaprobación de algunos congresistas republicanos.

El modelo de The New York Times para estimar las posibilidades de triunfo de los dos candidatos presidenciales, basado en encuestas nacionales y estatales, ya solo concede a Trump 12 por ciento de probabilidades de ganar. Apenas en junio, ese mismo método todavía le daba 40 por ciento. Clinton pasó en ese lapso de 60 a 88 por ciento.

Tal vez el dato más revelador es que Trump no tiene muchas posibilidades de ganar ninguno de los estados clave para llevarse la elección. Las probabilidades de un triunfo demócrata alcanzan 72 por ciento en Florida, 67 por ciento en Ohio y 93 por ciento en Pensilvania.

Si estas probabilidades se materializan, la derrota de Trump podría ser histórica; del calibre de la de Mondale en 1984, McGovern en 1972 o Goldwater en 1964. Peor aún, Trump podría llevar a su partido a perder la mayoría en ambas cámaras en el Congreso de Estados Unidos.

Ello explica que cada vez más republicanos tomen distancia de su candidato. El deslinde más significativo de los últimos días fue la carta en la que al menos 70 miembros distinguidos le piden a su partido dejar de fondear la campaña de Trump y reasignar esos recursos a los candidatos republicanos al Congreso.

El mejor legado que Trump podría dejar sería una derrota aplastante para él y para su partido. Lo único bueno de Trump es que si lleva a los republicanos al abismo, difícilmente un disparate como este podría repetirse.