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Lo que está claro es que de principio a fin durante este sexenio nunca se pudo crecer más allá de 3%, a pesar de las expectativas de tener tasas de aumento del Producto Interno Bruto (PIB), que en algún momento se proyectaron por arriba de 5 por ciento.

Las expectativas del gobierno federal para este y el próximo año no alcanzan para un crecimiento mayor a ese porcentaje. Tampoco parece que podría haber algún registro negativo en la economía y eso también constituye un valor.

Como sea, en los Precriterios económicos del 2017 que se entregaron al Congreso de la Unión privan los pronósticos tímidos, los arriesgados, los totalmente inciertos y los que son altamente positivos.

Evidentemente, esperar un crecimiento este año entre 1.3 y 2.3% es, además de una banda muy amplia, un reflejo de la incertidumbre que claramente se notó fuera durante el pasado primer trimestre.

Para el 2018, sin renunciar a la banda ancha de 100 puntos base en sus estimaciones, la Secretaría de Hacienda calcula un crecimiento entre 2 y 3 por ciento. No más.

Los pronósticos más audaces corresponden al comportamiento inflacionario. Ahí, la autoridad fiscal da plena credibilidad a las estimaciones del Banco de México (Banxico) de poder regresar los niveles inflacionarios a la meta de 3% para el próximo año.

Para este 2017 los Precriterios, que sirven de base para iniciar los cálculos del presupuesto para el próximo año, sí esperan una inflación anual al cierre del año de 4.9 por ciento. Pero proponen calcular ingresos y gastos con una tasa de 3% para el 2018. Ésa es una meta altamente ambiciosa.

Un cálculo que es totalmente 
incierto es el del tipo de cambio. Es un auténtico volado el pretender atinar a la paridad cambiaria durante un periodo tan largo como casi dos años. Pero como hace falta esta variable para que cuadren muchas cuentas, entonces estiman la relación peso-dólar en niveles en torno a los 19 por uno.

Sin duda, dentro de las estimaciones altamente positivas que hace la Secretaría de Hacienda están aquellas que refrendan los planes de recuperar la disciplina macroeconómica perdida.

Para este año mejora la estimación del superávit primario que se habrá de obtener hasta 0.5% del PIB, al tiempo que se notará una reducción de la deuda pública de sus niveles actuales superiores a 50% del mismo PIB. Falta agregar a estos cálculos el efecto contable positivo que conlleva el remanente de operación del Banxico del año pasado.

Y para el próximo año, la estimación es alcanzar un superávit primario equivalente a 1% del tamaño de la economía.

Lanzar estos pronósticos a estas alturas, para el Paquete Económico del 2018, es un albur. En un año de tantas turbulencias como el actual, con tantas incertidumbres cortesía del gobierno de Estados Unidos, puede implicar que para septiembre cuando se presente formalmente la propuesta económica, muchas cosas hayan cambiado.

Pero, al menos, el hecho de refrendar que es política de Estado regresar la salud a las finanzas públicas no es un Precriterio. Es toda una declaración de responsabilidad.