Lo que el 2017 nos dejó

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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

En la columna de hoy me propongo escribir sobre acontecimientos importantes de la primera mitad del 2017.

En la columna de hoy me propongo escribir sobre acontecimientos importantes de la primera mitad del 2017.

Mal empieza la semana para quien ahorca el lunes. Así podríamos decir del comienzo del año del 2017 que empezó con los gasolinazos. A partir de enero entró un nuevo esquema de venta de gasolinas, producto de la reforma energética. Los mexicanos, que lo que tenemos de abúlicos y de importamadristas, lo tenemos de sentido del humor. En la gasolinera piden gasolina de la cara. Cuando el despachador va a servir de la Premium, el cliente le dice: “no me dé Premium, yo quiero de la cara o sea Magna, la Premium es la carísima”.

También en enero, tomó posesión como presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el energúmeno empresario. En aquella ocasión comenté que no hay más pendejo que el que anuncia sus planes. Trump no sólo los anunció sino que intentó ponerlos en práctica de inmediato. Le bastaron 10 días al magnate para estremecer al mundo.

Al empezar el mes de febrero, el presidente Enrique Peña Nieto hizo un llamado a la unidad. Escribí: No soy ajeno a la necesaria unidad nacional, pero ésta debe darse en condiciones de equidad. La sociedad ya está harta de la insensibilidad de los gobernantes, la rapacidad de los malos políticos —¿pleonasmo?— y la voracidad de los empresarios gandallas, así como de la falta de igualdad de oportunidades y justicia real, expedita y pareja para todos.

Días después al cumplirse el centésimo aniversario de la Constitución Mexicano, traje una reflexión del historiador, académico y periodista Gastón García Cantú: “Para hacer una revolución en México bastaría con aplicar nuestra Carta Magna”.

En el mes de marzo, Aurelio Nuño anunció la reforma educativa, cuyo principal objetivo es que los alumnos no aprendan, como hasta ahora, a base de memorizar. Se trata de aprender a aprender. Por eso sugerí que el señor Nuño fuera trasladado a la Policía Federal que es donde más necesitan aprender a aprehender.

En abril, en el lapso de una semana cayeron dos exgobernadores, prófugos de la justicia: Tomás Yarrington y Javier Duarte. Priistas ambos. Par de ratas.

Tiempo atrás, Javier Duarte se presentó en el matutino noticiero de Carlos Loret de Mola para anunciar, a 48 días de que terminara su gobierno, su decisión de solicitar al Congreso del estado licencia para separarse del cargo. Carlos le preguntó: “¿Va usted a huir?”. El honorable don Javier respondió: “¡Por supuesto que no, me quedo en Veracruz!”.

Yo no le creí. Hice una parodia de la canción “Veracruz” del gran Agustín Lara, que reproduzco parcialmente: “Goberné con ansias de plata/ pues nací con alma de pirata./ He nacido corrupto y muy gacho/ hacedor de transas/ y me iré lejos de Veracruz/”. La última parte de la canción fue premonitoria. Veracruz son tus moches/ lo turbio del narco, zetas y Fidel/. Veracruz, voy a correr/ y me llevo a tierras lejanas todita la lana/ que yo te chingué.

Con la caída del gordito veracruzano, el PRI emitió un boletín que es un compendio de hipocresía y una agresión a la inteligencia de los mexicanos: “El Partido Revolucionario Institucional expresa su reconocimiento y respalda el trabajo realizado por la Procuraduría General de la República, quien en coordinación con diversas autoridades del Estado mexicano (a pesar de no poder actuar en otro país) y de la República de Guatemala, lograron la detención del expriista y exgobernador de Veracruz, Javier Duarte” (lo ex no quita lo corrupto). El boletín culminó con una frase: Las acciones del Gobierno de la República y del presidente Enrique Peña Nieto, acreditan que México está cambiando. De esta frase comenté en un paréntesis: (Efectivamente, cada día nos volvemos más cínicos).

En el mes de mayo, con motivo del día consagrado a la mujer que nos meció en la cuna y nos entregó en pedazos uno por uno el corazón entero, hice un listado de quienes no tenían nada que celebrar en tan memorable día por carecer de progenitora: Enlisté a los huachicoleros y sus cómplices en los tres niveles de gobierno. Reciente como estaba el feminicidio cometido en la Ciudad Universitaria de Lesvy Berlín Orozco y en vista de lo que el procurador de Justicia de la capital y su director de Comunicación Social habían declarado que la víctima era un mujer de 23 años, “alcohólica y mala estudiante”, que “estaba drogándose con unos amigos”, que “vivía en concubinato con su novio”. Ante la indignación de activistas y el repudio de la comunidad estudiantil, al considerar que lo dicho por la Fiscalía era una forma de culpar a la joven mujer de su propio asesinato, declaré a los funcionarios arriba citados como carentes de madre.

En junio, el escándalo se suscitó cuando The New York Times publicó un reportaje sobre el software israelí llamado Pegasus que fuera adquirido por el gobierno mexicano y que permite monitorear llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, contactos y calendarios. Inclusive el spyware, vendido por la empresa israelita NSO Group, puede hacer que el espía pueda escuchar y ver por medio del micrófono y la cámara de un teléfono celular, al sujeto objeto de la pesquisa, aunque el aparato esté apagado.

El tema lo rematé con la frase: Roncar fuerte puede despertar sospechas.

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