Minuto a Minuto

Nacional Secretaría de Salud intensifica jornadas de vacunación para frenar el brote de sarampión
La Secretaría de Salud duplicó las campañas de vacunación en Guadalajara, una de las zonas más afectadas en el país
Internacional La Casa Real belga niega vínculo entre reina emérita Paola y Jeffrey Epstein
La Casa Real de Bélgica negó este sábado cualquier relación entre Jeffrey Epstein y la reina emérita Paola
Ciencia y Tecnología Ejercicio físico actúa como antidepresivo natural, afirma experto de la UNAM
El especialista explicó que la actividad física favorece la neurogénesis y en procesos clave para la regulación emocional
Internacional Rodolfo López Ibarra, alias ‘El Nito’, se declara culpable por narcotráfico y sobornos
López Ibarra firmó su declaración de culpabilidad y podría recibir una condena mínima de 10 años de prisión y hasta cadena perpetua
Nacional CDMX realizará tres simulacros sísmicos durante 2026
Durante los simulacros se activará la alerta sísmica y el Sistema de Alertamiento Masivo enviará un mensaje hipotético a los teléfonos móviles

Un sainete de nivel bananero: el mismísimo presidente se injerta en policía, juez, patrullero o MP y le dice a su adversario quiero meterte preso, no huyas. Un sainete, pero no de risa: de espanto. Porque lo mismo hacen Maduro, Evo Morales, Ortega, Díaz-Canel…

El sábado, Ricardo Anaya, el panista ex competidor en las elecciones de 2018 contra el actual presidente, anunció que se va de México, porque éste lo quiere meter a la cárcel y no pueda ser sea otra vez candidato en 2024, y le molestan mucho sus críticas.

Ayer, el mandatario se convirtió en Fiscalía y Poder Judicial a la vez, y le respondió a Anaya que si es inocente, que no se ampare ni huya; que se defienda con pruebas y con la fuerza de la verdad. Que podrá ser un político preso, pero o un preso político.

La aceptación pública del presidente de que quiere encarcelar a un adversario es similar a lo que hizo Evo Morales (desde el Maximato que ejerce en Bolivia) con quien lo sustituyó de manera interina en la presidencia: encarceló a Jeanine Áñez, sólo porque la odia.

Y Daniel Ortega hasta con compañeros de ruta política de toda la vida que hoy se le oponen: Dora María Téllez, quien fue una de sus comisarias; y Hugo Torres, que fue quien liberó a Ortega de la cárcel de otro dictador, Somoza, el 27 de diciembre de 1974.

Desde junio, el sátrapa de Nicaragua encarceló a ocho candidatos a la presidencia o la vicepresidencia, así como a 32 dirigentes opositores más, por “atentar contra la sociedad nicaragüense y los derechos del pueblo”.

O sea, los de Ortega también son como los reos del presidente de México: políticos presos, no presos políticos. Igual que Nicolás Maduro en Venezuela: hoy tiene en prisión a 266 opositores, según cifras de la ONG Foro Penal.

Así que no puede ser visto en México el caso de Ricardo Anaya con la relativización que se empieza a ver todo, gracias al contagio que provoca en los medios, el debate público, las redes y toda la sociedad el malbaratamiento que hace el presidente de su cargo.

Porque a Anaya le pueden seguir otros, como hicieron con sus enemigos Evo Morales, Ortega o Maduro, los tres, por cierto, fuertes aliados ideológicos del mandatario mexicano, y los tres, con estilo de gobernar parecidos al estilo del mexicano.

Por ejemplo, no se puede olvidar que, por comportarse como buena ciudadana y acudir a una cita judicial, Rosario Robles fue dejada presa después de que el MP le falsificó una licencia de manejo. Y ahí presa: sólo porque la odian.

Pero no son presos políticos. Son políticos presos.

Guardemos esa.