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Conforme se acerca el referéndum de este jueves en el que los habitantes de Reino Unido decidirán si su país permanece en la Unión Europea (UE), la posibilidad de una votación a favor de la salida (es decir, del Brexit) se ha venido incrementando considerablemente. La encuesta de encuestas más reciente de la revista The Economist apunta a que 43% de los encuestados votaría por la salida y 44%, por la permanencia, mientras que el nivel de indecisos se ubica en 11 por ciento.

Lo que tal vez es más relevante es que, con excepción de la última semana, la intención de voto a favor de la salida ha venido ganando terreno. Las primeras encuestas levantadas en agosto del año pasado mostraban una preferencia por la permanencia superior a 50% vs una intención de voto por el Brexit inferior a 40 por ciento.

A pesar de la evolución de las encuestas, los momios en las principales casas de apuestas de Reino Unido siguen asignando una mayor probabilidad a la permanencia. De acuerdo con una de ellas, Ladbrokes, al día de ayer la probabilidad implícita de salida era de 36%, en comparación con 33% hace un par de meses. Por otro lado, en el portal pivit.io, donde se hacen mercados sobre eventos políticos, deportivos y financieros, la probabilidad de Brexit se ubica en 25% —aunque alcanzó 36% la semana pasada—.

Gran Bretaña ha mantenido su autonomía monetaria a través de la libra esterlina y un banco central independiente, pero desde 1973 ha sido una pieza fundamental de la Comunidad Económica Europea que después se convertiría en la Unión Europea (UE). Reino Unido ha obtenido beneficios tangibles de su membresía en la UE, principalmente: la disminución en las barreras comerciales y un fuerte incremento en el comercio.

Actualmente, 50% de las exportaciones de Reino Unido tiene como destino la UE, mientras que en 1973, antes del establecimiento de la Comunidad Europea, esta cifra era apenas 30 por ciento. A pesar de los claros beneficios económicos de pertenecer a la UE, un número creciente de miembros del Partido Conservador y del Partido Independiente ha venido haciendo una campaña exitosa para que Reino Unido abandone la UE.

Aunque políticamente se han usado los siguientes argumentos: i) el miedo a la creciente migración de extranjeros; ii); el creciente costo regulatorio de pertenecer a la UE, y iii) la percepción de que la relación costo/beneficio entre los recursos que contribuye Reino Unido a la UE y la capacidad de influir en las decisiones de ésta son desproporcionadas; la realidad es que los promotores de la salida inevitablemente coinciden en que la UE constituye un modelo político y económico disfuncional en decadencia, del cual hay que distanciarse. Para los detractores de la UE, Reino Unido debe seguir el modelo de Suiza o de Noruega, países que a pesar de no ser miembros de la UE, destinan aproximadamente 50% de sus exportaciones a la UE.

Aunque este argumento tiene ciertos méritos, la transición del estatus actual al ideal que proponen los que favorecen el Brexit es un camino tortuoso y riesgoso que podría tener consecuencias económicas muy importantes. De acuerdo con un estudio realizado por la London School of Economics, el costo para Reino Unido de abandonar la UE podría representar entre 1 y 3% del PIB aproximadamente, mientras que otro estudio de Citibank estima un impacto de hasta 4 por ciento.

Asimismo el FMI estima que son muy pocos los estudios que asignan un beneficio económico neto al escenario de salida y en todos los casos esto dependería de una acelerada negociación de nuevos tratados comerciales. Para emular a Suiza o Noruega se requerirá realizar una gran cantidad de tratados específicos con la UE y otro países, para tener acceso preferencial a estos mercados. La experiencia de Suiza nos dice que el Reino Unido puede sobrevivir fuera de la UE pero que para lograrlo tiene mucho trabajo por hacer y un costo inmediato del que difícilmente podrá librarse.