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El autoritarismo cruzó un coto inviolable para el futuro de la democracia en esta reedición de los juicios del Moscú de 1938: a puertas cerradas, le dieron tres horas para defenderse, con 108 testigos en contra y le desecharon los 60 suyos. Le negaron las garantías más mínimas.

Ayer se cumplieron cinco años del encarcelamiento de Leopoldo López, el preso de conciencia más conocido de decenas que mantiene la dictadura venezolana: por dar discursos y publicar tuits, fue condenado a 13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas.

Con el caso de Leopoldo López, Maduro inventó el “show del espanto” para el linchamiento público de quien se le atraviese, sin prueba legal alguna y que resulta una copia mala de la “presidencia mediática” de Chávez, como la rotuló el gran investigador venezolano Andrés Cañizalez.

En el “show del espanto” a Leopoldo López, la ministra de prisiones de Maduro comentó: “hay justicia y le salió barato al monstruo”. Más o menos algo parecido al fiscal Vichinski, quien llamaba “perros rabiosos” a los acusados en los juicios montados por Stalin en la URSS.

En el estudio de Cañizalez, Chávez ideó una manera de gobernar mediante larguísimas emisiones de monólogos en la televisión, que utilizaba para decidir desde expropiaciones a precios de garantía, pasando por anuncios de apoyos sociales y condenar a funcionarios y a periodistas.

Con la “presidencia mediática”, Chávez convirtió a su gobierno en una campaña presidencial perpetua, llamando “escuálidos” y “oligarcas” a sus adversarios y “pueblo divino” a sus seguidores, haciendo chistes sosos y concediendo desde el poder que los pobres robaban por necesidad.

En lo que fue observado como festejo del bandidismo, el presidente populista llamó “buenandros” a los ladrones procedentes de los estratos sociales más bajos y “malandros” a los llamados “delincuentes de cuello blanco” porque para él eran, invariablemente, ricos y corruptos.

Isaac Nahón Serfaty considera el estilo de Maduro “La pecera”, que es “un espectáculo de gobierno donde se degradan las instituciones, las leyes no se respetan, se hace la apología del crimen, los gobernantes hablan mal, y expresan una ignorancia y un nivel de incompetencia que aterran”.

Sin embargo, aunque suene retórico, lo cierto es que al final la libertad se impone: aún preso, Leopoldo López se las ingenió para burlar a la policía política y logró, a través de su pupilo Juan Guaidó, colocar contra las cuerdas a la dictadura.

Leopoldo López, con Guaidó como líder popular, sacó a los venezolanos a las calles de Venezuela, con el apoyo diplomático del mundo libre, con la excepción de México, cuya Cancillería no ha tenido éxito al encabezar una política de neutralidad, junto con 15 islas del Caribe.

¡Alguien que fue linchado por el presidente!