Minuto a Minuto

Internacional El Gobierno de Trump pide a la fiscalía dar inmunidad judicial a Delcy Rodríguez en EE.UU.
Se solicitó inmunidad para Rodríguez en EE.UU., porque enfrenta una demanda por presuntos secuestros, torturas y actos terroristas
Internacional Asciende a 5 mil 346 la cifra de muertos por el doble terremoto en Venezuela
Venezuela reportó 68 muertos más desde el último informe; los heridos se mantienen en 16 mil 740 y las personas sin hogar en 17 mil 907
Internacional Trump busca impulsar a Infantino para liderar la ONU, según el New York Post
La propuesta de Infantino se da rumbo a la sucesión de António Guterres, prevista para finales de diciembre
Entretenimiento Robbie Williams aclara que la sustancia blanca de su video viral era una menta
Robbie Williams aclaró con humor que el objeto era una menta, tras las especulaciones de que se trataba de cocaína
Nacional Aeropuerto de Ciudad de México ha incautado 156 toneladas de mercancía ilegal en un año
Entre la mercancía ilegal asegurada se decomisaron más de 400 kilos de drogas y sustancias químicas prohibidas ocultas en más de 200 equipajes

Visité un hammam en Estambul y fue como irrumpir en las pinturas de Jean Auguste Dominique Ingres, Edouard Debat-Ponsan y Jean-León Gérome o humedecerme entre las páginas de En las manos del aire, de Alberto Ruy-Sánchez. Los hammams han sido puntos neurálgicos de reunión social de la cultura islámica; combinan los rituales de higiene otomana, el baño romano y las abluciones de la religión. Por ello, en la cultura islámica, los baños tienen sentido religioso y cívico.

La recepción fue en el camekan, —una especie de vestidor— donde me entregaron ropa íntima desechable, sandalias de goma y un paño muy delgado para cubrirme. Apareció mi masajista o tellak, Myriam, de ojos negros, con una sonrisa que era hogar. De la mano de Myriam, llegué a un lugar cálido y luminoso llamado hararet. Me sentó en una banca tibia de mármol y abrió las llaves del agua para llenar una jofaina incrustada en las paredes de mármol de la habitación. Con una concha dorada mojó mi cuerpo con agua tibia, me humedecía y sonreía, —supongo que era por mis ojos despejados en señal del descubrimiento de una experiencia nueva, íntima, reconfortante y alegre—. Pasó una tela exfoliante por mi piel removiendo las células muertas y al terminar, fuimos de la mano a una plancha de mármol tibia. Me recostó boca arriba y sumergiendo una tela de cielo en jabón creó burbujas que colocó sobre mí. Masajeó cada uno de mis músculos de una manera tierna pero firme, luego me hizo girar y siguió con la espalda y las piernas. Cuando terminó, nos dirigimos a una habitación en la cual había otra jofaina empotrada —la llenó con agua tibia— y me limpió como cuando yo solía bañar a mis hijos cuando eran pequeños: talló mi cuerpo entero, me abrió los brazos, enjabonó mis sobacos, lavó mi pelo. El jabón olía a jazmín. Yo la miraba, ella sonreía. Me enjuagó con agua tibia y al final, vertió agua fría en mis pies. Envolvió mi pelo en una toalla y en otra, mi tronco. 

Sin soltarme de la mano me encaminó a una sala y sirvió té caliente de hibiscos y unos dulces turcos. Era un espacio íntimo y social a la vez, estábamos varias mujeres que, despojadas de maquillaje y cubiertas solo por toallas, charlábamos mientras nos animaba el té caliente. No conocía a las mujeres de la sala y no era necesario, éramos tribu platicando nuestra experiencia. Mi piel salió tersa, también mi sonrisa. 

La limpieza del cuerpo y del espíritu es una iniciación, un ejercicio afectivo reservado. El baño muestra un significado de erotismo más amplio que el tradicional: la tersura de los olores deleita, la tibieza del agua y su lento recorrido por el canal de la espalda alivia. La mirada, la sonrisa y las manos de quien te baña revelan una intimidad cómplice y festiva. El ritual del amor es un acto trascendente que va más allá de nosotros: lavamos nuestro cuerpo y el de quien amamos, avanzamos concéntricamente hacia un lugar de bienestar.

Satisface llegar a la meta, que, si miramos bien, es el camino mismo.