Ley Taibo, pero para todos, eh


RubenCortes

Rubén CortésCanela fina

Nuestro país vive una conversación psicosocial y política muy novedosa, con protagonistas nuevos, producto de mezcla de razas e identidades

Gran acierto de Martí Batres al defender que el mexicano nacido en España, Paco Ignacio Taibo II puede ejercer un cargo público. Sin embargo, la Ley Taibo no debe ser solo para un cargo público: ¡También para ser legislador, gobernador, presidente!.

Así que el senador tiene razón: “Hay que eliminar este anacronismo, en un mundo donde ya existe hasta la doble nacionalidad, donde se hizo una reforma para que el Presidente no tuviera el requisito de ser hijo de mexicanos desde fines de los 90, pues esto es un anacronismo”.

Solo que la Ley Taibo (que permite a los no nacidos aquí que ocupen 75 cargos de la administración pública) queda, en cambio, corta en un mundo globalizado como el actual, y en un país receptor y expulsor de migrantes en toda su historia.

Nuestro país vive en el momento actual una conversación psicosocial y política muy novedosa, con protagonistas nuevos, producto de mezcla de razas e identidades y una interconexión geográfica diferente a la de hace apenas dos décadas.

Entonces se tiene que adaptar al nuevo tiempo, por eso, es de felicitar la voluntad política de Morena de cambiar una ley obsoleta, aunque parezca que lo hace con dedicatoria especial, para que el Presidente electo pueda cumplir la palabra dada a Taibo, de hacerlo director del FCE.

Lo más seguro es que el Presidente electo no supiera, al hacer la promesa, que el Artículo 21 de la Ley de Entidades Paraestatales, establece que el jefe del FCE debía ser mexicano por nacimiento. Y Taibo nació en 1949, en Gijón, España, pero su familia vino a México huyendo del franquismo.

Sin embargo, cambiar la ley dura menos que un merengue en la puerta de un colegio para un gobierno fuerte como el que se instala el 1 de diciembre. Aunque, triste sería, que únicamente haya sido para poder enchufar a un combativo camarada que se la jugó con ellos siempre.

Tiene mil argumentos filosóficos la explicación para que pueda ocupar cualquier cargo de elección popular, todo aquel que tenga pasaporte mexicano, cumpla con los deberes legales, pague impuestos y que, en cambio, no posea todos los derechos.

Por ejemplo, Rilke decía “la patria de cada uno es su infancia”, y la socióloga Rosa Aparicio plantea: “la identidad no es un tótem inamovible, va cambiando, se va adaptando y pasa por distintas etapas en la vida”.

Más allá de eso, llegó el tiempo de dar un paso en el reconocimiento de derechos que deben tener todos los mexicanos. Somos un país abierto al mundo y eso debe quedar expresado en nuestras leyes, quitando todas las barreras y restricciones que sean necesarias.

Sí: ¡De una vez!

¡Que la Ley Taibo sea pareja!