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Arrastrar con los amigos de López Obrador, llevará  mañana a este gobierno a legitimar oficialmente a uno de los peores dictadores del mundo: Nicolás Maduro se mantiene en la presidencia de Venezuela sin boletas electorales que lo acrediten.

Nuestra presencia en la farsa argumenta la creencia de la presidenta Sheinbaum: “Venezuela tiene un gobierno progresista”. Pero Venezuela tiene una dictadura con elecciones, apuntalada por el Ejército y aliada del narcotráfico.

Y que capturó el órgano electoral, la Suprema Corte de Justicia, los medios de comunicación. Sus órganos represivos apresan, torturan y asesinan a los opositores, con crímenes de lesa humanidad registrados por la ONU.

Para entender la pantomima de mañana en Caracas, hay que insistir en que Venezuela es una dictadura. Las dictaduras mantienen sus propias instituciones, prensa comprada, elecciones controladas, con reparto discrecional del erario para comprar los votos.

Mientras que las tiranías (Cuba, Corea del Norte) no se preocupan por ropajes democráticos y ni siquiera se integran a organismos internacionales, salvo la ONU. Nada de OEA, FMI, Banco Mundial. No se molestan en ropajes.

Explicado esto, se entiende cómo la oposición venezolana pudo comprobar su triunfo electoral con el conteo de las actas, pero el gobierno no pudo, aunque controla el órgano electoral: Maduro se enredó en su propio ropaje democrático.

Veamos:

Para lavarse la cara como conductor de un país democrático, Maduro permite la existencia de un sistema automatizado de votación, lector óptico para identificar al votante, computadoras que registran los votos, pantalla táctil y captadores de huellas.

En Venezuela es imposible intervenir el sistema automatizado de conteo de votos, salvo que el gobierno lo manipule, de lo cual el gobierno no tiene necesidad porque controla al órgano electoral: pero en las elecciones pasadas bajó la guardia.

Por primera vez, la oposición se unió para tener representantes en todas las casillas, con la instrucción de fotografiar cada acta con el código QR y enviarlo a su propio cetro de conteo. Al cierre, había contado el 90 por ciento de las actas.

Los opositores crearon una aplicación para subir las actas, además de un servidor seguro para resguardarlas y poderlas verificar en línea con el número de cédula de los 22 millones de votantes.

Al igual que los aliados en la II Guerra Mundial, que usaron las excelentes carreteras de Hitler para invadir Alemania; la oposición venezolana usó esta vez a su favor el infalible sistema automatizado de la dictadura para contar los votos.

Por eso Maduro nunca pudo acreditar su triunfo: es la oposición la que tiene pruebas y pudo publicar las actas, una por una, verificables: un gran esfuerzo colectivo de programadores, testigos y expertos, tras muchos años de aprendizaje y organización.

Sí, México legitima a un usurpador.