Jugar un deporte en equipo involucra tener cualidades y la constante disposición de ser empático, de aceptar comentarios buenos y malos sobre tu desempeño, colaborar, hablarse con los demás y sobre todo de creer que el objetivo final es el de todos.

Los deportes en equipo no son fáciles, porque cada uno cumple una posición que si es bien ejecutada, ayudará a que el resto de las posiciones cumplan con las jugadas y la estrategia planteada previamente.

Es aguantar los humores del otro, porque no siempre se pueden llevar bien todos, pero al final el trabajo en equipo siempre debe de ganar o por lo menos ser más en la balanza.

Siempre he jugado deportes en equipo, basketball, volleyball y futbol soccer, como los más importantes. También pasé por hockey de calle, el fut americano como cascarita y las carreras de relevos en atletismo, es decir, siempre haciendo equipo.

El grupo se hace equipo cuando se aceptan los roles de cada uno, porque siempre habrá el perfeccionista, el estratega, el líder, el rebelde, el atrevido, el que nunca se cansa, el que tiene la técnica soñada, el chaparrito, el tronco, el peleonero, el guapo, el que alega todo, por decir algunos, pero al final, todos aprenden a verse como son y a hacer un balance para ser un e q u i p o.

Los que no lo logran, no llegan a mucho.

Hay quienes también forman equipo como una fachada, o como un tablero de piezas que mueven por objetivos más personales e individualistas que grupales. Así funcionan los equipos de trabajo, muchas veces los integrantes no disfrutan lo que hacen, pero cumplen por cumplir al jefe, mantenerse, sobrevivir y cobrar cada quincena.

Cada quién tiene sus razones para integrarse o no.

Todo esto por esta maravillosa escena del día de ayer en el que el presidente de nuestro país acudió a jugar béisbol en un parque de la Ciudad de México.

¿Qué vemos? A un hombre solo que fue a jugar para la foto o únicamente pidió al resto de los jugadores que son necesarios para realizar una sola jugada de béisbol.

Andrés Manuel se ve ajeno, aislado y desigual. El uniforme que porta es distinto, es decir se hace diferenciar del resto de los 11 jugadores. Él no pertenece a ese grupo y lo deja claro.

Sus lentes oscuros que lo colocan en el rol del “fifí” porque cualquiera que ha elegido un deporte al aire libre, nunca pensaría en utilizar lentes de sol, créanlo, nunca.

Entonces podría pensar que le lastima el sol, pero me hace dudar porque cuando anda de gira jamás porta unos iguales, o los utiliza como una barrera para que nadie se le acerque, puesto que así el contacto visual es inexistente, por lo tanto, no hay cercanía.

Me recordó un poco a lo que algunos elementos del Servicio Secreto de Estados Unidos nos comentaron en aquella visita de Barack Obama al Estado de México con Peña Nieto, “nadie saluda al presidente, nadie le pide selfie, si él te mira a los ojos y te saluda, entonces saludas”.

Muchos podrán decir que al presidente lo idolatran a donde vaya, que lo tocan como si fuera un rock star, que lo detienen para una foto como a Peña Nieto, claro, porque esto no es novedad, pero en esta foto se ve más allá que eso y nada de eso.

Nadie lo mira, ni siquiera por admiración, o por decir “ahí va el presidente”, las posturas de todos los jugadores son de desinterés, es un “ya cumplí”, un “debe” o un “ahora sí, vamos a jugar”, bueno si quiera se ve que alguien se preocupe ligeramente por el supuesto desgarre que sufrió.

Andrés Manuel criticará a quienes se visten y viven “bien” pero no se ha dado cuenta que él es el primero que es todo eso que tanto señala en sus discursos.

Así como aquí, es el que juega con reloj, con lentes oscuros y con un uniforme que lo haga ver distinto a los demás. Él no hace equipo, él los junta, los usa y los deja.

Eso lo que se ve.

López Obrador - beisbol
Foto: EFE/ Presidencia de México