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Luis Chaparro fue el eliminado de La Casa de los Famosos México, cuarta temporada, este domingo 30 de agosto
Nacional Ariadna Montiel pide “conducta ejemplar” a legisladores del Edomex
Ariadna Montiel enfatizó que las candidaturas y coordinaciones no serán resultado de acuerdos políticos, sino que se definirán mediante encuestas
Internacional EE.UU. confirma un ataque “de precisión” contra objetivos iraníes en el estrecho de Ormuz
El CENTCOM dijo que la colocación de minas por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica representaban “una amenaza inminente” en el estrecho de Ormuz
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Con esta hazaña, O'Ward se convirtió en el séptimo piloto que gana dos carreras de IndyCar en un mismo día

Mujeres, hombres y menores de edad que han llegado a nuestro país trasladándose de todas las maneras posibles, siendo legales o no, siguen creándose un espacio para sobrevivir y hacer una vida con base de trabajo.

Se han convertido en migrantes porque se han quedado aquí, han encontrado albergues, en otros casos ayuda directa y en otros tantos solo se han podido acomodar en alguna esquina o debajo de puentes para buscar cómo hacer vida fuera de casa.

Hay quienes fueron aprendiendo a subsistir en colectividad, durante el camino y a su llegada. Casas de campaña o a la intemperie, como quiera que sea, eran muchos, estaban juntos y con el espacio reducido se fueron aclimatando.

La ropa se les fue donando y a los niños también sus juguetes. Los campamentos comenzaron a disolverse porque los albergues abrieron puertas y la suerte les llegó a unos cuantos que con papeles pudieron salir a trabajar o a estudiar.

Hay muchos que no cambiaron de país para pedir limosna, sino para prepararse y hacer valer cada una de las oportunidades que el estado les puede brindar.

Los niños, los que no acaban de entender del por qué dejaron su cuarto, a sus abuelos o a sus vecinos, son los que inyectan la imaginación a la rutina del agotamiento y de la esperanza. Porque no está fácil, y lo saben.

Víctor Medina, uno de mis fotoperiodistas favoritos de nuestro país documentó el interior del albergue Alfa y Omega y a sus 60 familias que lo ocupan, al recibir donativos por parte de la comunidad universitaria de la Facultar de Ciencias Humanas y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Esta vez fueron alimentos no perecederos, ropa y juguetes que fueron recolectados como parte del programa organizado por el Dr. Hugo Méndez Fierros en donde colaboraron estudiantes de las facultades.

La fotografía que hoy muestro y que captó Víctor es digna de una escena de la película La Vida es Bella, protagonizada por Roberto Benigni.

La madre haciendo volar a su hijo, impulsándose para agarrar vuelo hasta terminar ambos mareados de vuelta y vuelta.

Los colores como llamaradas de vida, el rosa, el naranja, el rojo, el azul del ciello y el viento que se les cuela entre los brazos, seguramente los trasladan a un momento en donde olvidan por completo que todo lo que está al fondo no sirve, que lo que se acumula es de todos y es de nadie, que no es de ellos pero que se lo han apropiado.

Una voltereta y una carcada de temor y adrenalina porque el piso comienza a moverse y con ello los recuerdos de cuando recién salieron de su casa con el miedo en las venas y el cansancio en sus pies y en el alma durante el recorrido.

Como si el cielo se pintara de arcoíris, como un juego 24/7 ante los ojos de los pequeños, mas no para los padres.

Una casa compartida, con 60 personas allí dentro y en un solo cuadro, Víctor Medina y el vuelo del niño con playera verde nos demuestran que la vida es y puede ser bella, según los colores con la que la miremos.

Mujeres, hombres y menores de edad que han llegado a nuestro país trasladándose de todas las maneras posibles, siendo legales o no, siguen creándose un espacio para sobrevivir y hacer una vida con base de trabajo.

Se han convertido en migrantes porque se han quedado aquí, han encontrado albergues, en otros casos ayuda directa y en otros tantos solo se han podido acomodar en alguna esquina o debajo de puentes para buscar cómo hacer vida fuera de casa.

Hay quienes fueron aprendiendo a subsistir en colectividad, durante el camino y a su llegada. Casas de campaña o a la intemperie, como quiera que sea, eran muchos, estaban juntos y con el espacio reducido se fueron aclimatando.

La ropa se les fue donando y a los niños también sus juguetes. Los campamentos comenzaron a disolverse porque los albergues abrieron puertas y la suerte les llegó a unos cuantos que con papeles pudieron salir a trabajar o a estudiar.

Hay muchos que no cambiaron de país para pedir limosna, sino para prepararse y hacer valer cada una de las oportunidades que el estado les puede brindar.

Los niños, los que no acaban de entender del por qué dejaron su cuarto, a sus abuelos o a sus vecinos, son los que inyectan la imaginación a la rutina del agotamiento y de la esperanza. Porque no está fácil, y lo saben.

Víctor Medina, uno de mis fotoperiodistas favoritos de nuestro país documentó el interior del albergue Alfa y Omega y a sus 60 familias que lo ocupan, al recibir donativos por parte de la comunidad universitaria de la Facultar de Ciencias Humanas y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California.

Esta vez fueron alimentos no perecederos, ropa y juguetes que fueron recolectados como parte del programa organizado por el Dr. Hugo Méndez Fierros en donde colaboraron estudiantes de las facultades.

La fotografía que hoy muestro y que captó Víctor es digna de una escena de la película La Vida es Bella, protagonizada por Roberto Benigni.

La madre haciendo volar a su hijo, impulsándose para agarrar vuelo hasta terminar ambos mareados de vuelta y vuelta.

Los colores como llamaradas de vida, el rosa, el naranja, el rojo, el azul del ciello y el viento que se les cuela entre los brazos, seguramente los trasladan a un momento en donde olvidan por completo que todo lo que está al fondo no sirve, que lo que se acumula es de todos y es de nadie, que no es de ellos pero que se lo han apropiado.

Una voltereta y una carcada de temor y adrenalina porque el piso comienza a moverse y con ello los recuerdos de cuando recién salieron de su casa con el miedo en las venas y el cansancio en sus pies y en el alma durante el recorrido.

Como si el cielo se pintara de arcoíris, como un juego 24/7 ante los ojos de los pequeños, más no para los padres.

Una casa compartida, con 60 personas allí dentro y en un solo cuadro, Víctor Medina y el vuelo del niño con playera verde nos demuestran que la vida es y puede ser bella, según los colores con la que la miremos.

La vida es bella - screen-shot-2021-11-29-at-194733-1024x681
Foto: Víctor Medina (Instagram @victormedinafoto)