Años atrás los que fotografiaban a los muertos y cualquier tipo de escena de crimen, muerte y sangre eran los fotoperiodistas que recibían el aviso y acudían con su equipo fotográfico para capturar escenas espeluznantes y totalmente crudas.

Si acaso cualquier ciudadano que pasaba por la escena, solo miraba y quedaba como un observador de algo ajeno a él, conocidos como los “mirones” o “metiches” que terminan por señalar que allí ha pasado algo.

Hoy cualquiera de ellos también puede fotografiar este tipo de escenas que para los ojos de cualquiera es un acto inhumano y sumamente violento. Los fotoperiodistas pueden llegar tarde y la noticia ya estar en redes sociales o incluso en sus propios teléfonos.

Escenas que nadie deberían de ser vistas, ni por ellos, ni por nadie. Pero cualquiera que pasó por la avenida Ruiz Cortines en Veracruz, era de día, no había nada que no ocultara a 23 hombres y 12 mujeres, es decir a 35 cuerpos tirados sobre el asfalto.

Esta fotografía es un ejercicio social, es una serie de preguntas que deberíamos hacernos para evaluar qué tanto nos afecta como seres individuales y como una sociedad en conjunto, que podríamos hasta normalizar un acto como este.

Podrían ser juzgados desde el primer momento en que los descubren en el piso, es decir, al ver a tantos hombres y mujeres con las manos atadas, los ojos vendados, en ropa interior, golpeados y muertos en las calles, por el pensamiento de “seguro algo hicieron”, “seguro eran de los narcos” o un “seguro fue una venganza” y seguir nuestro camino.

 Foto: EFE
Foto: EFE

En el sexenio antepasado cuando todo México vivimos la época más sangrienta en cuanto a la violencia y el narco, nos sorprendían, humillaban y hasta ofendían este tipo de publicaciones. Hoy nadie ha dicho nada de que la imagen haya sido publicada en medios impresos, digitales y sobre todo en redes sociales, en donde no hay ningún tipo de limitante.

35 personas que fueron golpeados, humillados, asesinados y tirados al concreto de la avenida, para que fueran vistas, para que fueran juzgadas, para lanzar un mensaje “a quién sabe quién” y para advertir de hasta dónde pueden llegar.

La fotografía como un objeto que no solo nos informa que las cosas están mal, que estamos en peligro, que el hecho de que cualquiera pueda lanzar a 23 hombres y 12 mujeres en plena luz del día sobre la calle es sumamente grave, que las autoridades pasen por alto el daño social, es aún peor.

Porque nos desenmascara la naturalidad y conocimiento con el que podemos atestiguar estas escenas. Porque claro que nos alarma cuando leemos por ahí semejante noticia, pero después no pasada nada, es cuestión de picarle a la “tachita” de nuestros teléfonos o computadoras para cerrar la foto, y seguir viendo lo que pasa allá afuera de nuestras propias vidas.

Ellos fueron expuestos de la manera más cobarde y creo que también, este tipo de fotos nos exponen a nosotros como viles espectadores que cambia de canal si ya lo vio o ya se la sabe.