En nuestro país es claro que las calles pueden ser tomadas, bloqueadas, incendiadas y paralizadas por quienes tengan la necesaria convicción de hacerlo. Basta con que se junte una buena cantidad de personas, se detengan al centro de los carriles y detengan todo.

Las causas son tan diversas, que habrá algunas en las que podamos estar o no de acuerdo, pero el caso es que la libertad con la que se puede bloquear una avenida principal, carreteras o autopistas pareciera ser total.

Hoy supuestos maestros del CETEG bloquearon la autopista del Sol en el estado de Guerrero, su enojo fue por la ausencia del secretario de educación, Marcial Rodríguez Saldaña en la mesa de trabajo anteriormente pactada.

A pesar de que la gobernadora Evelyn Salgado fuera quien instalara este ejercicio de diálogo, su propio integrante de gabinete pensó que no pasaba nada si no se presentaba y cual fue la sorpresa, que hoy más allá del bloqueo de circulación, también se fueron con todo hacia el edificio en donde se encuentra el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Mientras tanto, la gobernadora instalaba una Conferencia Estatal de Seguridad Pública, siendo así el primer estado en “fortalecer las capacidades institucionales de los policías municipales”, pero parece que tampoco pudieron controlar el bloqueo.

En la foto que se publica en redes sociales, vemos a hombres y mujeres parados invadiendo los dos carriles de uno de los sentidos hacia la Autopista del Sol , con pausa, como si fuera un encuentro casual en medio de un parque o una plaza.

Los que llevan las lonas, seguramente son los más castigados por tener que estar alzando el plástico pesado que los identifica en sección y exigencias.

Los que van preparados y llevan sombrero puesto o cabeza tapada, claro y no pueden faltar los de los paraguas. La organización de estos grupos para envalentonarse y cerrar un camino que puede afectar no solo a la cotidianidad de quien viaja y circula por la zona, sino a personas que tengan que recurrir a ese tramo para llegar al doctor, hospital o atender algún tipo de emergencia.

Seguramente en eso no se piensa, porque sería un mayor estrés y no podrían siquiera sentarse en la comodidad de la sombra que ofrecen los postes de división de carriles. Quizá eso les causaría un poco de desesperación y no podrían estar allí de pie con las manos dentro de los bolsillos como pensando ¿qué más hay que hacer?.

Después entre los que parecen no romper ni un plato y solo acatar instrucciones de hacerse presentes, surgen los violentos, los que de un momento a otro cambian de personalidad y se cubren el rostro, sacan palos, piedras o machetes y salen a cazar “su justicia”.

Se reportaron periodistas agredidos y el edificio del SNTE dañado, sin contar la paralización del tráfico.

Si tan solo alguien de las autoridades pudiera entablar una manera de comunicarse y acordar con este tipo de grupos, quizá el resto de la población no tendría que lidiar con estos personajes que en cuestión de minutos transforman su supuesta quietud en violencia desmedida.

Una imagen que deja claro, que no es qué gobierno llegue o quién les prometa dialogar, porque los de siempre pueden hacer lo que quieran en donde no pasa nada, porque invariablemente habrá la oportunidad de bloquear, amedrentar y destruir lo que se les venga en gana.

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