El papel del servidor público es y debería de ser una función que obligue a los hombres y mujeres a trabajar y pensar en solucionar las distintas carencias y problemáticas de la ciudadanía y del país.

Las diferencias propias de la política con sus negociaciones, el cabildeo y el impulso de iniciativas siempre provocarán algún tipo de lucha entre partidos y personajes. De eso no hay duda, pero cuando la pugna pasa a ser un circo, todo se acota a intereses personales y no de la gente.

En nuestra historia política y en particular en la Cámara de Diputados hemos visto pasar a todo tipo de personajes con sus respectivos espectáculos, y obviamente a muchos discretos y altamente productivos que aún siguen apostando sus energías y talentos para proponer mejoras en las distintas iniciativas que se proponen.

Todos conocemos al diputado por parte del Partido del Trabajo, Fernandez Noroña por sus actos desproporcionados por defender sus ideas y sus convicciones a costa de todo. Un hombre que se ha convertido en un personaje que se resiste a todo lo que incluya, suma y aporte modernidad al país y sobre todo servicio a la gente.

Por otro lado, Jorge Triana el diputado por el Partido de Acción Nacional un joven que ha navegado siempre por el mismo grupo parlamentario y que para bien o mal, no ha sido tan escandaloso y llamativo como el Noroña.

Antier todos vimos el enfrentamiento que tuvieron en la Cámara de Diputados, durante la comparecencia de Manuel Barlett.

La escena es un agravio para los mexicanos, porque quien tiene más experiencia en el área fue quien decidió bajar al terminar su discurso para ir directamente hacia el lugar del panista para enfrentarlo por una pancarta en donde se señala a Manuel Barlett como un neoliberal desde el año de 1982.

Fernando Noroña siendo un rebelde y un radical en sus posturas, se mantiene hasta hoy en día con un alto nivel de vehemencia en sus comportamientos. Su manera de vestir en un recinto como la Cámara de Diputados, su agresividad ante quien no piensa como él y su actitud frente al Covid lo coloca como un legislador problemático.

No olvidemos que, durante esta pandemia, él ya estuvo en cuarentena por haberse contagiado de Covid y posterior a ello ha seguido con la idea de no utilizar el cubre bocas a pesar de ser una norma obligatoria para el bienestar de todos los que ocupan el mismo espacio.

En jeans con la informalidad propia de quien se niega a vestir propiamente para la ocasión y el lugar al que acude, su dejadez por la salud de todos y su actitud impulsiva a la hora de defender sus propuestas frente al micrófono.

Jorge Triana incitando al provocador profesional, enfrentándolo como cualquier adolescente que le da prioridad a la calentura del momento y no a la causa original.

Noroña lo señala, le grita, lo insulta y se le coloca a centímetros de su rostro para retarlo. En cambio, Triana tenía todo preparado, quien le grabara el audio y quien le tomara fotos.

Los montajes de un circo en donde los ciudadanos somos el público insultado e ignorado. Un conflicto personal, porque ni si quiera el resto de los legisladores a su alrededor siguen con la mirada.

Un hombre confrontador y otro bravucón. Uno que hasta con su vaso en mano como si estuviera de fiesta va y amenaza, y el otro con la cartulina en las manos como un escudo que le pone las palabras que ni siquiera puede decir.

Jorge Triana y Noroña
Foto de Jorge Triana.

Ninguno tiene las manos libres, señal de que ni uno ni otro iba a hacer algo, los dos frenados por su actuación.

Y claro, un hombre intermedio que coloca otra cartulina en medio de ellos como queriendo poner una división que no sirvió de nada.

Lo que en la imagen vemos es un tú por tú donde no iba a pasar nada, mas que el mero escándalo que a los ciudadanos ya nos tienen cansados y sobre todo, hartos.