Minuto a Minuto

Nacional Los recursos del legado y el fuero
Andy, que es un hombre de 45 años, autodeclarado legatario del movimiento de su padre, como si eso fuera heredable, renunció al cargo de secretario de organización de Morena para ser diputado por Tabasco
Nacional Volumen de lluvias registrado en Ciudad de México supera 11.4 millones de metros cúbicos
Dependencias capitalinas mantienen acciones coordinadas ante las afectaciones por las fuertes lluvias en la Ciudad de México
Internacional Rubio dice que el trato con Irán sigue negociándose pero “tomará días” tras nuevos ataques
Marco Rubio afirmó que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto "de una forma u otra" y que las negociaciones con Irán continúan
Nacional Ciudad de México prepara protocolo durante el Mundial 2026 por brote de sarampión y ébola
La Secretaría de Salud aseguró que el riesgo de contagio de ébola en México es bajo, aunque mantiene vigilancia en aeropuertos
Economía y Finanzas El sector agroalimentario mexicano ve la estacionalidad como el mayor riesgo del T-MEC
El presidente del CNA advirtió que la revisión del T-MEC afectaría a productos como el tomate, espárragos, fresas, aguacate y pepino

Las elecciones del domingo pasado relegitimaron la democracia mexicana en dos sentidos profundos: dieron la victoria a quienes más inconformes estaban con ella y repartieron drásticamente tanto el poder como la representación.

Hay una nueva legitimidad, un nuevo reparto del poder y una nueva partitura de la representación política.

El tsunami electoral que hizo estas cosas dejó tras de sí un paisaje de partidos políticos débiles: unos, los viejos, porque fueron reducidos a niveles casi de partidos testimoniales; otro, el ganador, porque es más una avalancha que un partido, y está apenas en el trance de constituirse.

Esta herencia de la elección, un sistema de partidos débiles con un partido dominante informe, preocupa con razón a Javier Tello, y fue uno de los temas de la discusión que tuvimos en La hora de opinar el lunes pasado, consultable aquí: https://bit.ly/2IY5XYY.

Es una preocupación que mira ya al futuro. La otra preocupación de Tello es quizá más sustantiva, y también mira hacia adelante.

Se refiere al concepto esbozado por Norberto Bobbio como resorte del ascenso del populismo y el autoritarismo, a saber: las “promesas rotas de la democracia”.

Es el caso de México, donde la democracia nació, digamos en 2000, en una ola de optimismo y de expectativas desbordadas. La promesa de la democracia mexicana fue enorme, pues iba a traerlo todo, era la única pieza que faltaba y poco había que hacer más que ejercerla y disfrutarla.

El desencanto con las promesas de la democracia mexicana creció al grado de crear el tsunami de rechazo y renovación del 2 de julio.

“El voto de julio fortalece a la democracia”, me escribe Javier Tello, siguiendo nuestra discusión, pero “la victoria de AMLO es en parte producto de una democracia rota, que sigue rota sin cumplir sus promesas. Y precisamente parte del proyecto de AMLO tiene que ver con ‘arreglar la democracia’, es decir, con ‘democratizar’ una democracia liberal que se había vuelto cada vez menos democrática”.

Si esto no se logra, si la democracia no cumple al fin sus promesas, la siguiente crisis la encontrará probablemente más escéptica y rota que ahora, y sin un sistema de partidos capaz de procesar democráticamente su nuevo escepticismo.