El vencedor siempre tiene preparadas las insignias de su triunfo
Al finalizar el partido del Super Tazón de futbol americano el domingo, tuvo lugar un ritual que he visto demasiadas veces: de manera inmediata surgen de no sé dónde cachuchas alusivas al evento con fecha y todo. Super Bowl LX, Champions Seattle Seahawks, creo que decían el domingo por la tarde las de ahora, con el emblema del equipo ganador, que es un invento zoomórfico impensable. Que venga Jesús a casar las aves y los peces.
Y todos y cada uno se pusieron a lucirlas y a darse abrazos y todo eso. Lo mismo pasa en la Serie Mundial de beisbol, en los campeonatos de soccer de toda calaña, en el campeonato de la NBA, en las finales de la liga pinchurrienta de futbol que tenemos en México, o en cualquier encuentro importante en que hay un vencedor y un vencido. El vencedor siempre tiene preparadas las insignias de su triunfo.
Y yo me pregunté el domingo en la tarde, ¿los Patriotas de Nueva Inglaterra no tenían a la mano cajas con cachuchas bastante diferentes? Otrosí: ¿Qué pasó con esas gorras? En mi personal juicio, deben haber sido discretamente destruidas, como se debe hacer, dicen, con las pruebas de una infidelidad o un fracaso.
“Las novias pasadas son copas vacías; en ellas vertimos un poco de amor”, escribió Gutiérrez Nájera. El olvido puede ser la mejor sanación para el fracaso, digo yo.
Aunque, muy probablemente, las cachuchas de los campeones Patriotas de Nueva Inglaterra del XL Super Bowl acabaron en las pacas de ropa reciclada o de saldos detestables, que se venden por libras en la frontera sur de Texas para las chiveras que luego las llevan a los barrios de México pobre para vender barato lo que siempre consideramos valioso porque es gringo. Dentro de 20 años, una cachucha que diga Super Bowl XL Champions Patriots probablemente sea una pieza de colección y se subaste en Sotheby’s.
Extramuros, me vino a la memoria la réplica de este fenómeno en la política. En algunas bodegas que no quiero saber su ubicación, miles de cachuchas, camisetas, cartelones, distintivos de solapa, calcomanías y estandartes perdieron su razón de existir en el momento en que el fallo se produjo: perdimos, compadre.
Así se pudrieron en el olvido todas esas manifestaciones de entusiasmo festivo, las que celebraban a Moya Palencia como siguiente presidente de México. Y las de Martínez Manautou, Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Clouthier, Almazán, Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Sergio García Ramírez y lo que gusten agregar.
Cachucha mía: ¿a dónde vas que más valgas?
“Traed otras copas con nuevo licor”, cierra Gutiérrez Nájera.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El otro día en Nueva York el canal de televisión Bloomberg entrevistó al gobernador de Nuevo León Samuel “el mentirosillo” García.
Al cierre la pregunta fue directa: “¿Estoy hablando con el próximo presidente de México?”. La respuesta fue inmediata: “All the way up”. En mi tierra, que es la de Sammy, quiso decir: a huevo.
Los que saben de este asunto anotaron ya el distanciamiento de la señora presidenta con A de patria hacia el muchachito a quien su esposa le pidió que la nombre gobernadora.
A mí no me gusta que las órdenes vengan del centro, pero estoy dispuesto a hacer una excepción. Ahora, si me equivoco y Samuelito es presidente, ando buscando países con los que México no tiene tratado de extradición.
