Las metas de Meade


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Alberto AguirreSignos vitales

La primera meta trazada por el equipo de José Antonio Meade Kuribreña fue la de conseguir la candidatura del PRI. El respaldo de Los Pinos, antes que nada. Con ese aval, seguía vencer las resistencias de la nomenklatura y construir las alianzas suficientes para atemperar enojos y resentimientos de los grupos que serían desplazados en la carrera presidencial.

La primera meta trazada por el equipo de José Antonio Meade Kuribreña fue la de conseguir la candidatura del PRI. El respaldo de Los Pinos, antes que nada. Con ese aval, seguía vencer las resistencias de la nomenklatura y construir las alianzas suficientes para atemperar enojos y resentimientos de los grupos que serían desplazados en la carrera presidencial.

Avalado por Los Pinos y con la abierta simpatía de los hombres de negocios, el exsecretario de Hacienda pronto afrontaría su primer reto: hacer que los ciudadanos de a pie lo identificaran. Y los priistas, más.

El primer dilema del equipo de campaña de José Antonio Meade Kuribreña fue remontar los niveles de reconocimiento que tenía frente a los otros presidenciales. Allí también aparecieron las primeras dudas. ¿Cómo referirse al exsecretario de Hacienda si los grupos de enfoque mostraban claramente que mucha gente —sobre todo en zonas rurales— no pronunciaba correctamente su apellido? El debate dentro del cuarto de guerra ocurrió casi de la misma forma en el espectro público.

Los grupos de enfoque no arrojaban información concluyente sobre lo que preferían los votantes. La militancia partidista reaccionaba mejor a la propuesta de bajarlo del pedestal del funcionario impecable. Y entonces apareció Pepe, con su reloj analógico, sin corbata, en mangas de camisa.

El candidato ciudadano quería que el priismo lo abrazara y por eso siguió el consejo de sus asesores. En la precampaña, ya fuera a ritmo de la comparsa carioca o de reguetón, Pepe se multiplicó. El modelo Peña, no obstante, es irreversible. Y mientras son Pe-pe-pe-pe-pes o es simplemente Meade, lo cierto es que su name recognition creció más de 25 puntos porcentuales en tan sólo dos meses, más de 50 desde el inicio de la precampaña.

Al paso de las semanas, con más información cualitativa, los estrategas de comunicación de la campaña meadeadista han descubierto que ni Pepe ni Meade son los mejores identificadores. Y que por su nombre completo, el abanderado tricolor suena presidenciable.

Poco a poco surgió evidencia de la correcta estrategia de posicionamiento del candidato. Igual, de que el panista Ricardo Anaya era percibido como el retador de AMLO. El siguiente objetivo estratégico era remontar la desventaja, aunque la brecha se ampliaba y el tiempo se volvía un factor en contra.

¿Y la guerra de encuestas? Al cierre de las precampañas, el consenso entre las mediciones publicadas en la prensa capitalina era que el abanderado oficialista arrancaría en el tercer lugar. Y también, entre las privadas.

Esta percepción explica —en buena medida— la decisión estratégica de enfocar las baterías contra Ricardo Anaya y sus aliados. Ahora, a dos semanas de que concluya la intercampaña, un nuevo ciclo de encuestas apuntala la percepción de que la campaña meadeadista no repunta, principalmente por los números de Parametría/Reuters y Encuesta Ciudadana/Efekto TV.Capital.

En el CEN del PRI refieren a los recientes ejercicios de México Elige/SDPNoticias y Pauta Encuesta/24 Horas para sostener que su candidato sigue en segunda posición y en franco repunte. En el cuartel meadeadista, con más realismo, se quejan de que esas encuestas fueron levantadas a finales de febrero y —por lo mismo— no reflejan el “efecto Anaya”. Y es que —sostienen— después de casi tres semanas de cuestionamientos, la candidatura del abanderado de Por México al Frente estaría fulminada.

Hasta ahora, el equipo meadeadista ha conseguido las metas trazadas en el plan estratégico. Tarde, admiten, pero la evidencia disponible les permite sostener que el “golpe de timón” que exigen algunos cuadros priistas sería una especie de suicidio político.

La intercampaña fue el espacio para el lanzamiento de la negativa contra Anaya. Su presunto enriquecimiento inexplicable ha dado pie los señalamientos por presunto lavado de dinero, triangulación de recursos y vinculación con empresas fantasma.

Los estrategas meadeadistas buscaban frenarlo. En algunos sectores de la cúpula priista y del gobierno federal, comenzó a permear la idea de proceder en su contra por la vía penal. Esas voces beligerantes se escuchan con menor fuerza, pero no han desaparecido.

Para el arranque formal de la campaña presidencial —el próximo 30 de marzo— esperan que las encuestas de los medios confirmen la información del tracking poll de Los Pinos: Anaya quedará estancado, en tercer lugar. Y entonces —apuestan— Margarita Zavala entrará en la disputa de un mercado electoral que debilitará aun más al abanderado frentista.

¿Y nada en el escenario los podría desviar de la ruta? “Ojalá y las listas de candidatos no traigan a los impresentables?”, confían en la casa de campaña. ¿Sus iniciales? Rosario Robles, Luis Miranda Nava, Gerardo Ruiz Esparza.

EFECTOS SECUNDARIOS

¿REFUERZOS? A finales de esta semana se esperan cambios importantes en áreas de  la SCT vinculadas a los servicios aeroportuarios. Para más señas, la dirección general de los aeropuertos de la CDMX y Toluca, además de Aeronáutica Civil. En Puerto y Marina Mercante también se esperan cambios, por motivos de candidatura.

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