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          Pero dice el operador de Chávez que no le pedí pruebas. Yo sí se las pido porque él acusa: el que paga manda. Pruébalo, Mendieta Rodríguez
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Ron Johnson afirmó que la cooperación bilateral redujo cruces irregulares, aumentó decomisos de droga y reforzó el combate al crimen y al tráfico de armas
Nacional Diputados aprueban en lo general reforma para aplazar elección judicial hasta 2028
Los legisladores también avalaron cambios que contemplan la creación de una comisión para evaluar a aspirantes al Poder Judicial
Nacional Morena denuncia a Samuel García y Mariana Rodríguez por presunto desvío de recursos
La denuncia contra Samuel García y Mariana Rodríguez fue presentada por el dirigente de Morena en Nuevo León, Anabel Alcocer
Nacional Morena impulsa juicio político contra Maru Campos por caso de agentes de la CIA
El recurso fue impulsado por diputados de Morena, quienes señalan a Maru Campos por presuntamente permitir el ingreso de agentes extranjeros a Chihuahua

Se dice que hace 44 años un partido de futbol entre las selecciones de Honduras y El Salvador desató una guerra que dejó casi 6,000 muertos.

Cierto es que la derrota salvadoreña en el partido de vuelta de la clasificación para el Mundial de futbol de México en 1970 desató la violencia en contra de los hondureños. Pero la historia tiene que ver con dificultades agrarias previas a un simple juego deportivo.

Brasil ha vivido durante las últimas horas episodios de violencia que se relacionan con el estado ánimo depresivo que causó la histórica goliza de 7 a 1 que le propinó Alemania en semifinales. Este país sudamericano arrastra desde hace años algunos vicios derivados de su propia fama.

Lo que más duele en el corazón de los aficionados brasileños es que su selección estaba destinada a conseguir el sexto campeonato. El tema recurrente era a qué otra selección le ganaría Brasil la final de la copa del mundo.

Era una forma de poder decir el próximo domingo que, después de todo, los gastos excesivos del gobierno en la organización del campeonato mundial habían valido la pena. Levantar la copa mundial habría sido un paliativo para los malos manejos financieros de la dupla Lula-Dilma.

Pero la selección de futbol de Alemania no sólo le ganó, le pasó encima y los ubicó en esa realidad desconocida de ser humillados en su propia casa.

Dilma Rousseff se dijo muy triste al final del partido, estaba pensando en el marcador final del juego y quizá olvidó que los números que realmente le importan aparecerán en octubre, en las elecciones presidenciales.

Quizá por eso corrigió de inmediato sus sentimientos tuiteros y escribió algo así como Brasil levántate, sacúdete el polvo y vuelve a la cima.

Ya dirán los analistas de la política brasileña si Rousseff tiene posibilidades de perder las elecciones que vienen, lo cierto es que las siete cachetadas al ego brasileño los deben ubicar en la realidad de un país de carencias sociales, económicas, financieras y futbolísticas.

El mundo entero se va a desentender de Brasil el domingo, tras el silbatazo que termine con la final del campeonato. Pero ese país se quedará con todos sus problemas, con el malestar social pausado por los costos del Mundial y con las amenazas económicas que penden sobre el mundo emergente.

Tras el final del torneo costará trabajo al gobierno de Brasilia mantener a flote el mito carioca de la nación destinada al desarrollo. Sus tasas de crecimiento van a la baja, con una expectativa este año de no más de 1.3% y para el 2015 de apenas 1.5 por ciento.

La inflación del mes pasado fue de 6.5%, cuando la meta es 4.5 por ciento. Y la expectativa es que el Mundial presione más los incrementos en los precios. Así que este es otro tema a tratar.

Va a ser muy difícil que no empeoren las condiciones económico-financieras de Brasil y con ellas la estabilidad social. Pero el punto de partida es entender que Brasil no puede regresar a la cima, como tuitea Rousseff, porque nunca ha estado ahí, como sí lo ha estado en el futbol.

Va a ser un proceso doloroso de una enorme aceptación de su realidad. Toca a los brasileños decidir si quieren que se queden Rousseff y Luiz Felipe Scolari. Sobre ellos pesan enormes lozas difíciles de superar.