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El populismo hundió a Venezuela para siempre en abril de 2003, cuando Chávez decidió eliminar al talento del país, empezando por despedir de tajo a 17 mil 871 altos profesionales del monopolio estatal del petróleo que, hoy, está proclamado en emergencia oficial.

“Declaro en emergencia a la industria de hidrocarburos”, anunció el dictador Maduro sobre PDVSA que quedó en quiebra (tan temprano desde que Chávez la desmanteló de eminencias) porque le quitaron el dinero para dedicarlo a financiar programas sociales.

Cuando Chávez echó a los profesionales y los sustituyó con improvisados de 10 por ciento de capacidad y 90 de fidelidad, PDVSA necesitaba una inversión anual de cuatro mil millones de dólares para mantener su nivel de producción de antes de Chávez.

Sin embargo, Chávez prefirió meter esos cuatro mil millones de dólares a los programas clientelares que le garantizaban el voto en las capas más bajas de la población y, después que arreció la debacle del país, de la clase media empobrecida y, ya, necesitada.

Ibsen Martínez ha escrito:

Es ya un tópico de politología pop afirmar que Venezuela se jodió el lunes 27 de febrero de 1989, día en que estalló una inopinada ola de sangrientos motines y saqueos: el Caracazo que anunció el principio del fin de nuestro Estado social de derecho.

Yo tengo para mí, en cambio, que el país se jodió el día de abril de 2003 en que Hugo Chávez despidió, en retaliación y de un plumazo, a 17.871 altos gerentes y técnicos de alto desempeño, crema y nata de la petrolera estatal, su cerebro. Hablamos de casi la mitad de los trabajadores que la empresa empleaba por entonces. No hay en el mundo corporación alguna, petrolera o no, que pueda sobrevivir a tal hecatombe.

La hoy quebrada PDVSA (y declarada por Maduro en “emergencia”) era, antes de ser desmantelada por Chávez la mejor empresa del mundo en desempeño y rentabilidad, pero Chávez decidió que “el pueblo no necesita a esas lacras”, en referencia a los profesionales.

Ya sin el contrapeso de los geólogos, geofísicos e ingenieros de depósito que se oponían a sus decisiones, Chávez empezó a adjudicar los contratos peroleros sin licitar y quitó el presupuesto a los centros de formación e investigación de PDVSA.

Doce años después, el país que fue uno de los cuatro principales productores de petróleo del mundo, sólo puede abastecer de energía al 10 por ciento de su población, y depende de que lleguen dos cargueros de crudo rusos y dos indios.

El viernes pasado, Maduro colocó al frente de PDVSA a El Aissami, su vicepresidente económico y un político actualmente sancionado por Estados Unidos, que lo busca por narcotráfico: el atribulado capítulo final de la lucha…

Contra las eminencias.