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Ayer, la Reserva Federal (Fed) dio a conocer su quinto anuncio de política monetaria del año, manteniendo las tasas sin cambio, como era ampliamente esperado. Aunque la Fed ha tratado de comenzar en diciembre del año pasado un ciclo de normalización de su política monetaria, que lleve las tasas a un nivel más en línea con el ritmo de crecimiento actual de la economía y con el nivel de empleo, sus deseos se han visto truncados por diferentes factores.

El segundo movimiento al alza se vio frustrado en la reunión de finales de enero, por el fuerte incremento a la aversión al riesgo en los mercados internacionales, que trajo consigo una agresiva apreciación del dólar que se hubiera exacerbado con un movimiento al alza por parte de la Fed, desestabilizando aún más los mercados internacionales e impactando de manera negativa la recuperación económica en Estados Unidos.

Para la reunión de marzo, el incremento a la aversión al riesgo había disminuido y los mercados estaban en fase de recuperación; sin embargo, la debacle de enero y febrero estaba aún muy fresca como para realizar el segundo incremento en la tasa de referencia.

Para cuando llegó la reunión de la Fed de abril, el pánico de enero y febrero ya estaba prácticamente olvidado; no obstante, los datos de creación de empleo comenzaron a mostrar una desaceleración importante que obligó a la Fed a mantener la pausa monetaria. Asimismo, para la reunión de mediados de junio, los datos de empleo de mayo confirmaron que la creación de empleo se había desacelerado al menor ritmo desde el comienzo de la recuperación, lo que obligó a la Fed a mantener la pausa.

Entre la reunión de finales de junio y la llevada a cabo se publicaron los datos de empleo de junio, que mostraron una recuperación muy importante, aliviando la preocupación de la Fed sobre la situación del mercado laboral.

No obstante, la sorpresiva decisión de la votación del 23 de junio en el Reino Unido en la que los votantes decidieron abandonar la Unión Europea introdujo una nueva fuente de incertidumbre ante la cual la Fed se vio de nuevo imposibilitada a subir las tasas en la reunión de ayer. Sin embargo, si la recuperación de los mercados de las últimas semanas, que han llevado a los principales índices a nuevos máximos históricos, perdura y los datos de creación de empleo mantienen un ritmo similar al de junio, la Fed podría de nuevo quedarse sin argumentos para dejar la tasa sin cambio en su reunión del 20 y 21 de septiembre o la del 1 y 2 de noviembre.

No obstante, para septiembre e inclusive para noviembre, es muy probable que haya un nuevo obstáculo en el radar que obligue a la Fed a posponer el alza una vez más: las elecciones en Estados Unidos que se llevaran a cabo el 8 de noviembre. Aunque históricamente, a la Fed no le ha temblado la mano para subir las tasas en años de elecciones presidenciales, la contienda actual no es cualquier elección.

El surgimiento de Donald Trump con su retórica nacionalista, sus pronunciamientos populistas, su falta de conocimiento de los elementos más básicos de política económica y su aparente rechazo a escuchar otras voces que no sean la suya introduce un altísimo grado de incertidumbre al entorno económico. Un triunfo de Trump sin duda provocaría tal nivel de volatilidad en los mercados que la Fed difícilmente podría subir las tasas en diciembre.

Por otro lado, si prevalece la cordura y los pronósticos de un triunfo de Hillary Clinton se cumplen, la Fed muy probablemente se vea obligada a realizar su ansiado segundo aumento en la tasa de referencia, siempre y cuando se mantenga todo lo demás más o menos constante.