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A unos meses de la elección general en España, Podemos y Ciudadanos se pusieron a prueba una vez más. Ambos partidos compitieron en la elección catalana del domingo pasado en la que el tema central de la contienda no fue la indignación por la crisis nacional, sino la secesión de Cataluña. Aún así incidieron en el balance general de esa elección y se consolidaron como opciones a escala nacional.

En la elección autonómica no solo estaba en juego la presidencia de la Generalitat, que Artur Mas ha ganado en dos ocasiones consecutivas. La elección se convirtió en una suerte de referendo sobre esta separación. A lo largo de la campaña, Mas insistió en que la causa secesionista sería imparable si el frente independentista obtenía no solo una mayoría absoluta de escaños, sino también de la votación.

Los resultados electorales no fueron los que el frente Junts pel Sí esperaba. El 39.5 por ciento de votos que obtuvo no es el que anhelaba para legitimar e impulsar su reclamo de secesión, aunque seguramente podrá formar gobierno con el apoyo de otro partido, como CUP.

Los grandes perdedores fueron los partidos tradicionales que promovieron la causa nacional. El PP obtuvo 8 escaños menos que en 2012 y los socialistas perdieron 4. Pero los partidos emergentes que también tienen una visión nacional compensaron esas pérdidas. Ciudadanos aumentó de 9 a 25 escaños y se convirtió en la segunda fuerza catalana, mientras que el frente Cataluyna Sí que es Pot (en la que participa Podemos con ICV, Esquerra Unida y Equo) consiguió 11 escaños en su primera aparición. Ambos captaron el voto de la indignación y al hacerlo contuvieron la ola independentista.

Aunque Podemos y Ciudadanos ya no han crecido en las encuestas como en meses anteriores, todavía se encuentran muy bien situados de cara a las próximas elecciones generales. En la última encuesta de Metroscopía, Podemos mantiene 19 por ciento y Ciudadanos 16 por ciento, frente a 25 por ciento que tiene el PSOE y 23% del PP. Muy buenos niveles para partidos que surgieron en la escena nacional hace unos meses.

Pasada la prueba en Cataluña ahora seguramente los emergentes pondrán su mira en la elección general, en la que su agenda y no el separatismo podrá ser lo decisivo para el resultado.