Minuto a Minuto

Nacional Robo de motocicleta moviliza a repartidores en Morelos; hay dos muertos
Dos repartidores fueron asesinados en Tepoztlán, Morelos, tras intentar recuperar la motocicleta robada a un compañero
Internacional Trump celebra traslado de planta de Toyota a Texas; dice que los aranceles funcionan
El presidente Trump recibió con gusto el anuncio de que Toyota trasladará su planta en Baja California a Texas
Internacional Inhabilitan a Le Pen por 15 meses; aun así podría ser candidata presidencial en 2027
Le Pen fue condenada por malversación de fondos públicos; pese a ello, podría presentarse como candidata presidencial en 2027
Nacional Metro CDMX reporta afluencia moderada con circulación constante
El Metro CDMX reportó circulación constante en ocho líneas al tiempo que usuarios se quejaron de la lentitud de la Línea 3
Internacional Irán advierte que no negociará un acuerdo final con EE.UU. mientras continúen las amenazas
Irán sostuvo que el Memorando de Entendimiento es claro: las negociaciones sobre el acuerdo final no comenzarán mientras continúen las amenazas

Desde que México renunció a mantener una política comercial cerrada y renunció a los planteamientos de la sustitución de importaciones, no han sido pocos los empresarios y sus agrupaciones que tomaron la bandera de exigir una política industrial.

Sobre todo en esos primeros años de apertura, que fue tan drástica y abrupta, muchos sectores industriales extrañaban los tiempos de nula competencia en que el gobierno se convertía en un aliado estratégico en la fijación de los precios.

La calidad era un asunto poco importante ante la tolerancia y fomento de prácticas monopólicas y oligopólicas en el mercado mexicano. Y cómo no habría de ser así, cuando el gobierno participaba como agente económico monopólico. Eso es lo que extrañaban muchos en los tiempos de Salinas de Gortari y el camino que se pavimentaba hacia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

A los gobiernos calificados de neoliberales les colgaron la frase aquella de que la mejor política industrial es la que no existe, lo que no hizo sino agudizar y aumentar el volumen del reclamo empresarial.

La apertura fue mucho más rápida que el nivel de adaptación de muchos sectores. Quedó claro que las fuerzas de mercado no son infalibles y menos cuando los competidores no tienen todos los elementos para dar la batalla.

Por ejemplo, la reforma energética llegó 20 años después de que el TLCAN y esa reforma, junto con otras recién logradas como la financiera, de competencia económica o la laboral, son parte de una política industrial.

Bueno, hasta la construcción de un nuevo aeropuerto para la ciudad de México es parte de una política industrial. Pero pensar en el regreso de los viejos tiempos proteccionistas no parece posible, ni siquiera en estos tiempos de la reinstauración del priísmo.

La defensa sectorial es también una práctica regular durante los últimos gobiernos, desde las sanciones comerciales que aplicó Felipe Calderón a Estados Unidos ante la negativa de abrir el transporte de carga, hasta las recientes medidas anunciadas hace unos días para proteger a los productores de calzado mexicanos.

Lo que sí van a hacer y pronto es ponerle uno de esos nombres tan bonitos que se les ocurren, como las reformas transformadoras, o aquello de Crezcamos Juntos y qué tal Prospera. Sin embargo, más allá del marketing político son acciones de gobierno en el camino de una mejor regulación sin intervención en las cadenas productivas.

En breve llegarán a la Cámara de Diputados dos iniciativas para reglamentar la competitividad y modificar la ley de Planeación. Éstas y las reformas aprobadas recibirán un título similar a una nueva política industrial.

Lo cierto es que todas las reformas que ha emprendido el gobierno de Peña Nieto apuntan en esa dirección del fomento industrial. Desde el financiamiento hasta la regularización del mercado de energéticos, pasando por el intento de fiscalización de los informales.

Sólo que hay que dejar ver el producto en el empaque correcto. Por eso es que ante el viejo reclamo de tener una política industrial, pronto veremos su presentación ante los empresarios que volverán a aplaudir a rabiar las acciones gubernamentales.