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Lo valioso del modesto acuerdo es que ya hay acercamientos entre los productores por una preocupación común.

Cuando Arabia Saudita planeó su estrategia de inundar el mercado con su petróleo para forzar la salida de los nuevos productores estadounidenses, lo hizo de manera unilateral, sin consultar a sus socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y sin imaginar todo lo que habría de ocurrir en el mundo que derrumbaría el precio del hidrocarburo.

Los árabes viven del petróleo y viven bien, pero las finanzas públicas de su país se han descompuesto hasta el punto de alcanzar un déficit fiscal equivalente a 15% de su Producto Interno Bruto (PIB).

Y ni hablar de otros socios de la OPEP, como Venezuela, que entre su dependencia a los hidrocarburos y el manejo irresponsable de su economía ha llegado hasta el punto de la emergencia humanitaria.

Rusia es otra nación petrolera en una mala condición económica que, se entiende, busque un acuerdo para rescatar esa importante fuente de ingresos.

Por eso cuando los árabes aceptan sentarse a negociar al interior de su cártel y sumar a Rusia, se genera un entusiasmo en los mercados porque imaginan un piso y un rebote de los precios del petróleo.

Pero cuando se conoció el modesto alcance del acuerdo, que sólo pretende congelar los niveles de producción a los registrados en enero, sucede lo que ocurre con frecuencia: los mercados lo quieren todo y rapidito, mientras que los negociadores tienen sus tiempos y estrategias.

Desde Doha llegó la noticia que el anfitrión Qatar, junto con Arabia Saudita, Venezuela y Rusia, habían alcanzado ese pacto. Es evidente que no existen soluciones inmediatas para un mercado en el que no sólo estos cuatro importantes productores participan.

De entrada, al pacto alcanzado el lunes le faltaban dos protagonistas básicos: Irán e Irak, países que apenas se habrían sumado a las pláticas.

En el caso de Irán será difícil esperar una suma en automático, sobre todo cuando apenas tiene luz verde para la exportación de su petróleo, tras una restricción de muchos años por parte de Occidente.

Y los mismos países que acordaron congelar la producción seguramente tardarán en reportar y comprobar que cumplen con su parte.

Lo valioso del modesto acuerdo alcanzado es que ya hay acercamientos entre los productores por una preocupación común para sus respectivas economías, después de 18 meses consecutivos de bajas en los precios de los hidrocarburos, desde niveles superiores a los 100 dólares hasta los precios actuales, alrededor de los 30 dólares por barril.

En los mercados, los analistas dicen que no es tan impresionante este acuerdo, porque todos los petroleros, incluidos los árabes, estaban ya en la parte alta de sus aumentos de producción y que la misma condición del mercado les obligaría a reducir por ellos mismos la producción.

La gran incógnita es Irán, es por eso que su inclusión con algunas concesiones especiales para esta nueva potencia petrolera es una noticia que sí están esperando en los mercados financieros.

Por eso es que algunos no compran la bondad del acuerdo hasta ahora. Como sea, es una primera piedra para construir un poco de estabilidad. Es un poco de sensatez, forzada o no, entre los que han inundado el mercado con petróleo para buscar equilibrios.