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La Defensa informó cambios en su estructura de mando tras el pase a retiro del subsecretario Enrique Covarrubias López, al cumplir 65 años
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La autoridad estadounidense advirtió de situaciones potencialmente peligrosas por la posible interferencia de los sistemas de navegación
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Una aeronave Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana trasladó la última carga de ayuda humanitaria destinada a Jamaica por el huracán Melissa
Nacional Cae ‘la Mane’, líder de facción de La Unión Tepito
'La Mane' fue detenida junto a cuatro colaboradores directos en dos operativos efectuados en las alcaldías Venustiano Carranza y Cuauhtémoc

La crisis reciente con Estados Unidos, dice Javier Tello, limita los alcances de la popularidad y la autonomía del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (https://bit.ly/2WA7pr9).

El factor externo no fue nunca un tema que el actual presidente pusiera en el centro de su proyecto. La mejor política exterior, solía decir, es una buena política interior. De pronto, la política exterior irrumpió en la política interior y la puso patas arriba.

Todo el país pendió unos días de si el presidente Donald Trump imponía aranceles a las exportaciones mexicanas, porque los mexicanos no controlan los flujos migratorios que pasan por su territorio hacia Estados Unidos.

Por unos días, toda la política de México fue política exterior: comercio internacional y migraciones centroamericanas. Los interlocutores de la política interior cedieron su lugar y urgencia a las amenazas y las exigencias del presidente de Estados Unidos.

El súbito cambio de prioridades dejó claro hasta qué punto el nuevo gobierno estaba ya gobernando sobre un política interior débil, administrada por un gabinete ineficaz en el manejo de los asuntos internos y descuidado o ciego frente a sus riesgos externos.

La popularidad y la autonomía del gobierno de López Obrador, enormes todavía en la política interior, encontraron un límite sorpresivo en el ámbito externo. La emergencia dio lugar a un realineamiento del poder y de las prioridades del nuevo gobierno.

Las urgencias de la hora fueron a dar a las manos del canciller Marcelo Ebrard, quien parece por el momento el único capaz de lidiar con los dos desafíos venidos de fuera: la amenaza arancelaria de Trump y su exigencia de control migratorio.

Para todo efecto práctico, Ebrard es hoy a la vez el secretario de Relaciones Exteriores y de Gobernación. Le encargaron el manejo del mayor problema externo, que es Trump, y de su mayor problema interno, la solución que éste exige a la migración centroamericana.

Algo ha cambiado de fondo en la lógica de nuestra política interior, algo que no estaba previsto por el nuevo gobierno.

En algún sentido, el mundo exterior ha tomado el mando de la política interior de México.

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