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El paquete económico que se presentó el domingo está en plena etapa de evaluación. A juzgar por la reacción de los mercados, el primer rebote en el mundo financiero ha sido favorable, pues los números parecen realistas y cuadran.

En el ámbito político uno esperaría que la discusión fuera más allá de la consistencia del paquete para centrarse en la fuente de los ingresos y en el destino de los recursos. A fin de cuentas, en todo el mundo los grandes debates económicos suelen enfocarse en quiénes pagan los programas de gobierno y en quiénes se benefician de ellos.

En el caso del recién anunciado paquete, no se plantea un gran cambio en materia de impuestos. Pero del lado del gasto, se fijan tres prioridades de gobierno: los programas sociales del Presidente, el fortalecimiento de Pemex y la seguridad pública.

Cada uno de ellos daría para un gran debate político. Si, como dice la oposición, los programas de transferencias directas a grupos sociales tienen un sentido clientelar, tendría que advertirse una batalla épica frente al Gobierno. Algo similar, por ejemplo, al debate que generó el Obamacare en Estados Unidos.

Para los neoliberales, la decisión de fortalecer a Pemex y abandonar el espíritu de la reforma energética sería otro motivo para sublevarse. Y lo mismo se pensaría con la seguridad pública si, como se insiste, no hay una estrategia visible que acompañe el aumento de recursos públicos.

Sin embargo, no veo en la oposición capacidad para articular planteamientos alternativos y dar la batalla en estos temas, sobre todo cuando hay una condena social al pasado. Igual que en las elecciones de 2018, hoy la oposición parece haberse quedado sin argumentos.

Su arribo a la discusión del paquete económico no tendrá fuerza si su alternativa ante los programas sociales del Presidente es regresar a Prospera, si no tiene voces que defiendan la reforma energética y si carece de un plan distinto a la fallida guerra contra el narco. Podrá reclamar, pero poco es lo que tiene que ofrecer.

En esas circunstancias, el debate sobre el paquete económico solo vendrá a reafirmar que la oposición no encuentra sobre qué bases reinventarse.