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Para los consumidores de las economías de libre mercado, es una gran noticia que bajen los precios del petróleo porque implica que tienen que destinar menos recursos para los energéticos y por lo tanto tienen más dinero disponible para el consumo de otros bienes y servicios. Al final, eso ayuda a la recuperación.

En Estados Unidos un litro de gasolina regular está en 10.50 pesos en promedio. En México cuesta 13.13 pesos por litro y todavía nos faltan dos gasolinazos más y un aumento fuerte en enero. En fin.

El punto es que la baja en los precios del petróleo también trae consigo una serie de dificultades económicas, sobre todo para países como México, que son altamente dependientes de los ingresos energéticos en sus presupuestos.

La sensatez privó entre los diputados y le bajaron al menos 1 dólar a la estimación inicial de la Secretaría de Hacienda, de 82 a 81 dólares por barril, en el promedio anual esperado para el 2015. Jugaron en sus apuestas en contra del peso para equilibrar el presupuesto en el papel, pero ya se tenía la conciencia de que podríamos estar en la antesala de un tiempo prolongado de baja en los precios de los energéticos.

Los pronósticos del precio de los hidrocarburos deberían negociarse mejor en Las Vegas que en Hacienda, porque depende de tantos factores que claramente es una apuesta de ruleta.

Porque si bien hay razones económicas, como la inminente recesión europea y la baja sostenida de la economía china, en esta ocasión también hay una aparente planeación para derrumbar los precios del crudo.

El objetivo de la estrategia sería afectar a los productores de Estados Unidos, que son la revelación en el mundo de la extracción de hidrocarburos.

¿Quién podría tener el poder de mover el mercado petrolero y enfrentarse a la economía más grande del mundo? Evidentemente que sólo Arabia Saudita lo puede hacer.

La declaración de los sauditas es contundente: acostúmbrense a los precios bajos por un periodo prolongado. Porque ahora resulta que el productor de petróleo más grande del mundo, que durante mucho tiempo tuvo una política de expansión de su producción, ahora se siente cómodo con 80 dólares por barril.

Sus socios están desesperados, en especial Venezuela, y desde la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) quieren recortes de emergencia a la inundación de petróleo saudita que está en marcha.

¿Cuál es la estrategia para afectar a la nueva estrella productora? Una muy sencilla: para una buena parte de las empresas estadounidenses que extraen shale gas, no le costea mantener el negocio si el petróleo baja de los 80 dólares por barril.

Si los costos de producción son superiores a los costos de mercado, simplemente no hay manera de sostener el negocio y eso lo entienden muy bien los poderosos árabes.

Una vez que saquen del mercado a la competencia, podrían volver a cerrar la válvula petrolera y podrían controlar otra vez el mercado a su antojo, como lo han hecho desde la OPEP. Y que Washington le haga como quiera.

Ésta es una razón estructural importante para pensar que los precios del petróleo realmente sí pueden mantenerse bajos por algún tiempo prolongado. Salvo que algún hecho bélico, por ejemplo, pudiera aumentar los precios de los energéticos y salvar así a los productores estadounidenses.