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Era tal el peso del 68 sobre las espaldas de Luis Echeverría, que dedicó parte de su sexenio a adular a la juventud y a fingir una apertura democrática que jamás existió. Se dijo Echeverría finta con la izquierda pero pega con la derecha. Durante su administración (1970-76) floreció una generación de políticos jóvenes a quienes se llamó los Gerber. Entre los más destacados de la, también llamada efebocracia, que ocuparon altos puestos en el gobierno federal, sin tener más méritos que su poca edad destacaron: Carlos Armando Briebich (31 años); Fausto Zapata Loredo (30 años); Francisco Javier Alejo López (29 años); Juan José Bremer (26 años) e Ignacio Ovalle Fernández (25 años).

Este último que llegó a ser secretario de la Presidencia, pudo pasar de un sexenio a otro, como los soldados pasan las trincheras enemigas de panzazo y arrastrándose, fue nombrado por José López Portillo director general del Instituto Nacional Indigenista, en ese puesto tuvo oportunidad de conocer a Andrés Manuel López Obrador al que nombró, en 1977, director de dicho instituto en el estado de Tabasco. Aunque había sido secretario del poeta Carlos Pellicer cuando este fue senador, el puesto que le dio Ovalle fue, prácticamente, el principio de la carrera política de AMLO.

En política los favores y los errores se pagan. En el caso que nos ocupa pasaron poco más de 40 años para pagar un favor y casi cuatro años para que el favor se volviera un error: Segalmex, la mancha que, como él mismo Andrés Manuel reconoció, se llevó en su sexenio. La frase aparece en la contraportada de ‘Licencia para robar’, un bien documentado y recomendable libro escrito por los periodistas Zendryk Raziel y Georgina Zerega, con prólogo del maestro Ricardo Raphael, editado por Grijalbo. Una historia de mentiras y contradicciones de un gobierno que prometió perseguir la corrupción a fondo y terminó otorgándole impunidad y encubrimiento.

La publicación es el resultado de un meticuloso trabajo para documentar ‘el mayor caso de corrupción del sexenio de López Obrador, y uno de los más grandes de la historia mexicana’ (…) Las irregularidades encontradas abarcan muchas operaciones y productos, desde la compra de leche, envases de plástico, tarimas y costales, hasta la adquisición de maíz y frijol. El control que se hizo de las cuentas en los siguientes años elevó la suma de dinero cuyo destino final se desconocía hasta superar los 15 mil millones de pesos’.

Fue tal el robo en la institución llamada Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) que la Estafa Maestra quedó en calidad de alumna. Al estallar el conflicto, cuando salió a la luz el fraude, López Obrador salió a defender a Ovalle dijo que ‘era buena gente y que había sido engañado por priistas mañosos. En menos de 10 palabras, el mandatario liberó así a su padrino político de la carga de tener que responder ante la justicia. No despejó, sin embargo las múltiples dudas de la opinión pública. ¿Era posible que ocurriera el mayor desfalco del sexenio en Segalmex sin que el director general lo supiera?’

Más aún, según se lee en la meritoria publicación: ‘El millonario boquete en el organismo no fue motivo suficiente para expulsar al padrino político de la administración pública. Ovalle fue nombrado coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (Inafed), un ente de poca relevancia adscrito a la Secretaría de Gobernación’.

Termino la reseña-transcripción de este bien informado y aconsejable libro con algo escrito en el prólogo por don Ricardo Raphael: ‘Cuando los fondos públicos van a dar a los bolsillos de unos cuantos vivales, cuando eso sucede gracias a la impunidad proporcionada por el poder arbitrario y cuando las víctimas de la inmoralidad son los más pobres, el buen periodismo es el último recurso del que podemos echar mano’.

Punto final

Te enojas de todo y además eres disléxico

¿Qué dijiste, espútido?