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Por qué no nos inspira Hillary Clinton?”, se pregunta en The New Yorker Allyson Hobbs. ¿Por qué hay en el aire la impresión de que su triunfo histórico como primera mujer que llega a la presidencia de Estados Unidos, no tiene la carga emocional, el conmovedor y profundo sentimiento de novedad que tuvo el triunfo histórico de Obama como primer presidente negro? (Why aren’t we inspired by Hillary Clinton?http://bit.ly/1FvXDNk)

Quizá porque el racismo es una pasión discriminatoria más visible en la sociedad estadounidense que el sexismo, pero no menos potente.

Vista desde la perspectiva del sexismo, una especie de segunda naturaleza de nuestras sociedades, ser candidata a la presidencia es un trabajo de Sísifo cercado por dilemas circulares: lo que se gana en un lado se pierde en el otro.

Hobbs condensa los dilemas de Hillary en el binomio Competente vs. Cálida, descubierto por la sicóloga de Princeton Susan Fisk.

Según Fisk, los rasgos tradicionales de la mujer estadounidense (ser amas de casa, por ejemplo), disminuyen la percepción de su competencia profesional. Los rasgos de feminidad no tradicional (mujeres que trabajan, atletas, feministas o lesbianas) las hacen ver más competentes, pero menos cálidas.

Hillary tiene que competir en un entorno de dureza masculina, donde si un hombre se enoja muestra carácter y si una mujer se enoja muestra mal humor. Si un hombre tiene 70 años es experimentado, pero una mujer de esa misma edad es vieja. Si una mujer se pone brusca o maledicente, parece una harpía; si un hombre impreca y se burla, parece un adversario duro de pelar.

Y no se le ocurra a una política aparecer en público como hombreriega o infiel. Con la centésima parte de los cargos que en ese renglón porta su esposo Bill, Hillary Rodham estaría políticamente muerta.

Este es el desequilibrio que persigue y envuelve, en su manto invisible de sexismo, la candidatura de Hillary: su inteligencia acaba pareciendo frialdad y su realismo, dureza. Su competencia profesional la hace parecer poco cálida y sus momentos de calidez son vistos como debilidad y falta de competencia.

Además de la cárcel invisible pero ubicua del sexismo, Hillary Clinton tiene que hacer frente a las cuentas, los errores y los riesgos políticos que hay en su camino. Doble jornada.

(Mañana: Las cuentas de Hillary)

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