Se vienen los peores meses del año.

Está claro que la relación entre las decisiones fiscales y las monetarias no se rigen por la reciprocidad.

Qué bueno que los integrantes del Banco de México no se toman como algo personal que ellos cargan con el peso de bajar las tasas de interés hasta llevarlas al terreno negativo, a cambio de que el gobierno federal insista en subir los precios de los bienes y productos que controla muy por arriba de la media inflacionaria.

Si el Índice Nacional de Precios al Consumidor que mide el INEGI está de vuelta en 4%, es en buena medida porque en los precios de los energéticos se despachan aumentos hasta tres veces superiores al resto de los precios.

Es evidente que las distorsiones del sistema energético que sigue vigente han provocado esta realidad de tener precios controlados y subsidiados para los energéticos que deben tender a un libre mercado y a la aceptación de que hoy en el mundo no hay gasolinas baratas, por ejemplo.

El rubro inflacionario llamado energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno muestra un incremento anualizado de 7.60 por ciento. Sobre todo por los aumentos en los productos energéticos como el gas LP y las gasolinas, que duplican la inflación anualizada con un incremento hasta la primera quincena de julio de 8.49 por ciento.

Pero también en esa parte de tarifas autorizadas ha habido un despacho con la famosa cuchara grande, porque ahí el aumento anual supera 6 por ciento.

Con los productos agropecuarios tampoco hay garantía de estabilidad, los acumulados anuales son superiores a la inflación general y ya sabemos del comportamiento de algunos productos que pueden llegar en
cuestión de meses de los 8 pesos por kilo a los 60, como fue el caso del limón.

Lo que realmente le ha dado margen de maniobra monetaria al Banco de México, para tratar de apoyar la recuperación económica con tasas de interés negativas, es la baja demanda de los otros productos de los que se deja de disponer en tiempos de vacas flacas.

Las mercancías no alimenticias muestran una inflación acumulada a lo largo de 12 meses de solamente 1.8 por ciento. O lo que es lo mismo, los productores y comerciantes no suben los precios porque menos venderían en estos tiempos.

Desde el Banxico se han quejado abiertamente de esa política pública de mantener distorsiones en los precios de productos y servicios como las gasolinas o la electricidad. Seguro que tienen puestas las esperanzas de que en unos cuantos años, como resultado de la reforma energética, pueda corregirse esto y entonces acceder a precios de mercado que puedan llevar la inflación general al soñado y no confesado 2% anual.

Por lo pronto, la inflación general anualizada en 4% se prepara para enfrentar los peores meses del año. Agosto y septiembre, de aumentos en colegiaturas; octubre, de incremento en tarifas eléctricas; noviembre, donde suben los precios para después jugar a bajarlos en el Buen Fin, y diciembre que recibe más operaciones al menudeo de todo el año.

Y a partir de aquí los que toman decisiones dentro del banco central habrán de decidir hasta donde aguantan con las actuales tasas de interés.