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Estamos en medio de las eliminatorias para la Copa del Mundo, en donde nuestra selección mexicana está haciendo la lucha por pasar, aunque sea de panzazo.

La CONMEBOL integra a las selecciones de la Confederación Sudamericana en donde están Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Bolivia y Chile.

Y por este lado se juega la CONCACAF con Canadá, Estados Unidos, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Jamaica, Honduras y nuestra selección mexicana.

Estamos con fútbol de fechas FIFA y eso nos mantiene atentos a los que disfrutamos y vivimos el fútbol como si fuéramos parte de la plantilla de cada equipo al que seguimos fielmente en cada juego, y eso incluye la selección.

Dado que nuestra selección no nos ha dado ningún tipo de ánimo y certeza de que vayamos al Mundial con un fútbol de miedo o con el liderazgo de algún delantero, pongamos los ojos en una selección afamada a nivel mundial: Argentina.

No precisamente porque vayamos a hablar de las capacidades de los nuestros y de aquellos, o de la calidad de los jugadores que tienen “ashá” o acá, sino de la imagen que el día de hoy les comparto.

La imagen fue captada por el fotoperiodista Juani Roncoroni en el estadio Mario Alberto Kempes, el pasado martes cuando la albiazul se enfrentaba a Colombia y lo mejor, le ganaba 1 a 0. Ese fue el marcador final y la selección que tanta pasión provoca en toda Argentina y gran parte del mundo entero aseguraba su lugar en Qatar como el segundo equipo en la tabla de posiciones.

Claro, ellos nunca fallan, ni tampoco sufren tanto. Pasan.

La fotografía me trasladó a la emoción propia de quienes crecimos viendo el futbol en casa, empezando por agarrar el balón y creer que sabíamos, hasta el fin de semana en el que había que ver los juegos para hablar en la hora de la comida de las jugadas y también, de vez en vez, tratar de imitar las jugadas en la cuadra, en el patio o en donde se pudiera.

Los niños en el estadio, los dos portando los jersey de los colores que se les tatúan como si fuera magia a todo aquel que nace en el país. A veces creo que los argentinos sí nacen con un gen que les hace apasionarse enloquecidamente con el futbol.

Hace poco platicábamos sobre nuestra selección mexicana y su baja de afición, de un buen manejo como un equipo que representa un país y no a una u otra televisora y esta foto me hace caer en cuenta.

Los argentinos siguen viviendo el fútbol como lo es: una pasión y acá, lo han convertido en un modelo de negocio, que el orgullo de representar a tu nación ha pasado a segundo plano.

Acá vemos a un montón de niños, incluso al padre que carga al suyo y van bajando las escaleras; un poco como una imagen divertida en medio de la fiesta del estadio y lo que implica que nos hagan movernos de nuestro asiento dentro del estadio con el partido en vivo frente a nuestros ojos.

Seguro el padre iba balbuceando de coraje, mientras que los dos chiquillos en primer plano, miran sus playeras, sonríen de manera natural, porque lo están disfrutando: es un juego.

Claro, el chico de atrás de ellos, hondea la bandera, sonríe levemente y se muestra relajado porque sabe y confía en Di María, en Lautaro que metió el gol y claro, en mi rayado Maxi Meza.

Ellos creen, se entregan, lo disfrutan y respetan la poderosa herencia con la que han nacido: amar a su país y eso incluye amar el fútbol.

Roncoroni hizo un retrato que, si se comparara con escenas de diez, veinte o hasta treinta años atrás, los argentinos aparecerían igual: gozando el fútbol; y de eso también se trata la fotografía deportiva, de observar lo que provocan 22 pelados en la cancha durante 90 minutos.

La herencia de amar al fútbol argentino - partido-argentina-colombia-1024x683
Niños aficionados de Argentina se disponen a colocarse sus camisetas para animar a su selección, hoy, antes de un partido de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Catar 2022 entre Argentina y Colombia, en el estadio Mario Alberto Kempes en Córdoba (Argentina). Foto de EFE/ Juan Ignacio Roncoroni