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Aunque el desempeño de los mercados accionarios no siempre tiene una correlación directa e inmediata con el accionar de la economía real, las últimas semanas se han caracterizado por la marcada e interesante dicotomía entre la fuerte recuperación de los mercados y el abismal panorama para la economía a nivel global.

Aunque el S&P 500, el Dow y el Nasdaq están 14, 17 y 7% por debajo de su nivel máximo de mediados de febrero, estos índices tuvieron su mejor abril en 82 años y se encuentran prácticamente en el mismo nivel que tenían en octubre del año pasado cuando nadie imaginaba lo que estamos viviendo actualmente.

En contraste, la economía global y la de Estados Unidos atraviesan su crisis más grave desde la Gran Depresión. Durante el primer trimestre del año el PIB de EU presentó una caída trimestral anualizada de 4.8% y para el segundo trimestre los especialistas anticipan un desplome anualizado de 35 por ciento.

La devastadora contracción de la actividad económica como consecuencia del coma inducido por las medidas de distanciamiento social ha provocado la pérdida de 26 millones de empleos en EU, empujando la tasa de desempleo de 3.5% en febrero a 14.7% en abril – los estimados apuntan a que podría llegar a 20% entre mayo y junio.

Tan sólo en abril, se perdieron 20.5 millones de empleos, superando por un factor de 10 a la cifra récord de septiembre de 1945 cuando se perdieron 2 millones. Para dar un poco más de contexto, la pérdida de empleos durante toda la Gran Recesión de 2008-09 fue de 8.8 millones.

Si suponemos por un segundo que alguien que ha observado el desempeño de los mercados accionarios y la economía global durante los últimos 100 años pero que durante los 6-7 meses sólo ha tenido acceso a una fotografía del nivel inicial y el nivel actual de los principales índices accionarios, esta persona probablemente deduciría que la situación de la economía global no ha cambiado mucho en ese periodo.

Sin embargo, la realidad es muy diferente. La distorsión entre lo que ocurre en la economía real y los mercados accionarios se basa en dos factores principales. El primero y más importante es la gran ola de liquidez creada por los bancos centrales quienes se han comprometido a mantener las tasas en cero por el tiempo que sea necesario y fungir como proveedores de liquidez de última instancia y de manera ilimitada.

El segundo, es la expectativa de que el daño causado por la pandemia es temporal y que la actividad económica podría tener una robusta recuperación una vez que terminen las medidas de distanciamiento social, como sucedería después de un desastre natural en lugar de una recesión causada por factores fundamentales.

Aunque los estímulos monetarios y fiscales _implementados de manera ágil y decisiva en EU_ juegan un papel fundamental en reducir daños permanentes en la economía, el impacto de la liquidez es todavía más importante para los mercados. Aunque la mayoría de los expertos esperan una recuperación económica en forma de U y no de V, los mercados parecen apostar a los escenarios más favorables.

Sin embargo, un rebrote o una mayor demora en conseguir un tratamiento o vacuna podría generar un escenario de recuperación en forma de W o incluso en forma de L, lo cual debería generar un ajuste a la baja importante en los mercados a pesar de la gran ola de liquidez.