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Ayer el Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC, por su sigla en inglés) dio a conocer su primer anuncio de política monetaria del año, manteniendo la tasa de interés sin cambios. Esta decisión estaba totalmente descontada por el mercado que, sin embargo, estaba a la espera de señales específicas en el comunicado de prensa sobre la evaluación por parte de la Fed, dado el turbulento inicio del año en los mercados financieros, de las condiciones económicas y financieras y su impacto en las decisiones futuras de tasas de interés.

El año pasado, la Fed mandó la señal al mercado de que esperaba realizar cuatro alzas de 0.25% cada una en la tasa de referencia durante el 2016 y que el siguiente movimiento probablemente ocurriría en marzo. A pesar de esto, el fuerte deterioro en las condiciones financieras a nivel global ha llevado a muchos especialistas y al mercado en general a descontar una trayectoria menos pronunciada de entre uno y dos incrementos en la tasa de referencia con un sesgo hacia la segunda mitad del año.

En este sentido, el mercado estaba ansioso de que el lenguaje de la Fed transmitiera una postura más acomodaticia y validara esta expectativa de un menor ritmo de incremento en la tasa de interés y descartara un aumento en marzo. Aunque la Fed expresó preocupación por la turbulencia en los mercados financieros y la desaceleración en el crecimiento económico fuera de Estados Unidos, no realizó ningún comentario explícito sobre un deterioro en el balance de riesgos de diciembre a la fecha que ameritara un cambio en la postura monetaria y la trayectoria planeada de alza en tasas.

Como siempre, la Fed mencionó que sus decisiones futuras dependerían del comportamiento de los datos, pero reiteró que por el momento la economía de Estados Unidos mantiene un ritmo de crecimiento y creación de empleo consistente con su tesis de que la inflación se elevará gradualmente hasta alcanzar la meta de 2 por ciento. En concreto, la Fed mencionó que las condiciones en el mercado laboral han seguido mejorando, a pesar de una desaceleración en la actividad económica, derivada de un deterioro en las exportaciones, durante la parte final del 2015. Asimismo, destacó que el gasto de los hogares y la inversión del sector privado han seguido creciendo a tasas moderadas.

Aunque el anuncio de la Fed no fue el catalizador que esperaban los mercados, tampoco fue tomado con demasiado pesimismo. Esto se debe a que por más que la Fed haya intentado mantener un discurso similar al de diciembre, el mercado está convencido de que la economía estadounidense no es inmune al endurecimiento en las condiciones financieras globales provocado por el desplome de los mercados financieros y la fuerte apreciación del dólar.

Adicionalmente, el mercado cree que la inflación difícilmente se acercará a la meta de 2% de la Fed, tomando en cuenta que los precios de los energéticos y otros commodities siguen cayendo y que el dólar se ha seguido fortaleciendo. Aunque la medición preferida de la Fed para la inflación es el Core PCE -el índice de gastos de consumo personal excluyendo alimentos y energéticos-, este índice se ubica en 1.3 vs 0.3% del índice general y con una trayectoria relativamente estable en los últimos 12 meses.

Aunque el escenario base sigue siendo que la economía estadounidense debe crecer a un ritmo saludable, la Fed no se puede dar el lujo, en las condiciones actuales, de tener una política monetaria tan divergente del resto del mundo. Hacerlo traería una mayor apreciación del dólar y mayor volatilidad en los mercados financieros, poniendo en riesgo los objetivos de inflación y empleo de la Fed.