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La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) concluirá mañana su antepenúltima reunión de política monetaria del año con la que probablemente será la decisión más debatida entre los miembros del Comité de Mercado Abierto de la Fed (FOMC, por su sigla en inglés) de los últimos 12 meses.

Hasta mediados de agosto, todo indicaba que la Fed no estaría si quiera considerando un posible movimiento en septiembre.

No obstante, como subrayamos en la edición del 30 de agosto de Sin Fronteras titulada “La Fed enfría a los mercados”, diferentes miembros con voto de la junta de gobierno de la Reserva -principalmente Stanley Fisher y Dennis Lockhart- sorprendieron al mercado con sus declaraciones, advirtiendo de manera directa y enfática que la posibilidad de alzas tanto en septiembre como en diciembre estaba siendo seriamente considerada. Ante estas declaraciones, los mercados comenzaron a descontar una mayor probabilidad de un incremento de 0.25% en la tasa de referencia por parte de la Fed.

Sin embargo, parecería que la publicación de los datos de empleo de agosto a principios de septiembre decepcionó lo suficiente como para que la mayoría de los miembros con voto del FOMC mantengan las tasas sin cambio en esta ocasión.

A pesar de lo anterior, lo más probable es que la votación sea de las más cerrada en los últimos años y que, como consecuencia, la Fed probablemente tratará de enviar una señal muy clara a los mercados de un alza inminente antes de fin de año, siempre y cuando la evolución de la economía se mantenga dentro de sus expectativas.

La Reserva se encuentra en una encrucijada importante. En primer lugar, la economía ha estado creciendo cerca de 2% durante los últimos años y la tasa de desempleo se encuentra por debajo de 5 por ciento. En condiciones normales, un nivel de tasas de interés cercano al actual no sería compatible con estas cifras de crecimiento y empleo.

Sin embargo, la fragilidad de la recuperación, la vulnerabilidad a choques externos y la ausencia de inflación han sido argumentos a favor de que la Fed mantenga una política de tasas de interés extraordinariamente bajas.

En segundo lugar, los salarios por fin han comenzado a mostrar una dinámica positiva y el mercado laboral podría estar apretándose, generando ciertas presiones inflacionarias que tienen incómodos a los miembros más hawkish de la Fed.

En tercer lugar, es la primera vez en años que la Fed debe considerar en su decisión un posible choque interno proveniente de la arena política. Aunque la Fed ha actuado sin complejos para subir o bajar las tasas de interés en años electorales, la elección del 2016 podría ser un cisne negro.

Es la primera vez en la historia moderna de Estados Unidos que la elección de uno de los candidatos podría detonar una recesión y la Fed debe tener un plan de emergencia para enfrentar este escenario, un plan que sin duda contempla todo menos incrementos en la tasa de interés.

En el escenario de mayor probabilidad, es decir, con un triunfo de Hillary Clinton, el mercado podría estar subestimando la probabilidad de un alza por parte de la Fed en lo que resta del año. No obstante, en este contexto, el rango de posibles escenarios de decisión de la Fed tampoco es tan amplio. Si la Reserva no sube tasas esta semana, muy probablemente lo hará antes de que termine el año y una demora de dos meses no debería de ser tan trascendental en el gran panorama.

Adicionalmente, lo más probable es que el siguiente incremento no sea mayor a un cuarto de punto y que las alzas futuras se den de manera gradual y que sigamos viviendo en un mundo de tasas extraordinariamente bajas por un periodo prolongado.