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El fortalecimiento de los últimos meses en las cifras de crecimiento económico y el repunte de la inflación por arriba de lo anticipado, han alimentado la percepción de algunos observadores de que la Fed podría estar cometiendo un error al demorar el comienzo de la normalización de su política monetaria.

Para estos observadores, la Fed se ha metido en un callejón sin salida con la decisión de modificar el marco de referencia para la toma de decisiones de política monetaria.

Dicha modificación, anunciada en el 2020, le permite a la Fed mantener las tasas de interés de referencia por debajo de su nivel neutral hasta que la economía alcance el pleno empleo, aún y cuando la inflación supere el objetivo de 2 por ciento.

El cambio en el marco de referencia por parte de la Reserva se dio después de una década de política monetaria expansiva (con tasas de interés cercanas a cero y varios programas de inyecciones de liquidez) en la que la inflación se mantuvo ausente a pesar de los augurios de muchos especialistas. Bajo este contexto y la llegada de la pandemia, la Fed consideró que debería privilegiar su objetivo de pleno empleo sobre el de inflación.

Sin embargo, durante la década pasada, la notable ausencia de políticas fiscales expansivas dejó a la política monetaria como la principal herramienta para salir de la devastadora crisis de la Gran Recesión del 2008-09.

En el presente, los principales críticos de la postura actual de la Fed argumentan que las condiciones de hoy difieren considerablemente de las observadas durante la Gran Recesión por lo que aplicar la misma receta de política monetaria podría tener consecuencias indeseables.

La primera diferencia entre el 2009 y el 2021 es que la recuperación económica es mucho más robusta.

Esto se explica parcialmente por la naturaleza de la recesión del 2020 que fue por un choque exógeno temporal y no por un problema fundamental de apalancamiento como la del 2008-09.

Otro factor que explica el mayor ritmo de recuperación es que en esta ocasión hay un cúmulo de estímulos fiscales considerablemente superior al observado en la Gran Recesión.

Aunque la Fed tiene razón en argumentar que todavía estamos lejos del pleno empleo y que el repunte inflacionario debería ser transitorio ante la gran holgura que aún existe en el mercado laboral, también está consciente que mantener una política monetaria tan expansiva puede contribuir a la creación de una nueva burbuja financiera que podría tener repercusiones desestabilizadoras al reventar.

En varios de sus comunicados y en diferentes entrevistas, los miembros del FOMC han expresado que el ritmo de recuperación de la economía y del empleo han mejorado pero que esperarán hasta observar una mejoría mayor en el empleo antes de tomar acciones de manera proactiva en cuanto al nivel de tasas de interés y los programas de inyecciones de liquidez.

Para expertos como Larry Summers (secretario del Tesoro en la administración Clinton y director del Consejo Económico Nacional con Barack Obama), la expectativa de que la Fed no subirá su tasa de interés de referencia hasta el 2023 está creando una complacencia peligrosa.

Esto viene del mismo Summers que en el 2017 argumentaba lo contrario, es decir que la Fed debería reconsiderar su decisión de ir restringiendo la política monetaria ante la debilidad de la dinámica inflacionaria en ese entonces. Lo que más le preocupa a Summers es la reacción del mercado cuando la Fed se vea forzada a anunciar un panorama menos acomodaticio de su política monetaria. Aunque un escenario en el que la Fed pudiese subir las tasas antes de lo esperado no necesariamente debería ser una mala noticia para los mercados, siempre y cuando esto sea consecuencia directa de una mejor salud de la economía, lo que es un hecho, es que esto difícilmente se dará sin sobresaltos.