Minuto a Minuto

Nacional Comienza carga de convoy que saldrá desde México hacia Cuba con ayuda humanitaria
Se prevé que el convoy con ayuda humanitaria llegue el próximo 21 de marzo a las costas de Cuba
Entretenimiento Stevie Young, guitarrista de AC/DC, es hospitalizado en Argentina: ¿Qué le pasó?
Stevie Young, guitarrista de la banda australiana de rock AC/DC, fue hospitalizaeo en Buenos Aires, Argentina
Nacional Sheinbaum recibe al presidente de Alemania en Quintana Roo
La presidenta Sheinbaum recibió en Cancún Quintana Roo, a su homólogo de Alemania, Frank-Walter Steinmeier
Internacional EE.UU. considera a Venezuela una amenaza menor tras la captura de Nicolás Maduro
Según el Informe Anual de Evaluación de Amenazas 2026, Washington observa una disposición por parte de Venezuela a cooperar con EE.UU.
Nacional Operación Frontera Norte: Más de 12 mil 600 mil detenidos y 9 mil armas aseguradas
El Gabinete de Seguridad federal informó de los resultados de la Operación Frontera Norte hasta el miércoles 18 de marzo de 2026

A riesgo de ser reiterativo, o precisamente para ello, insistiré hoy en lo dicho en esta columna durante estos días.

A saber: que la epidemia de gobernadores delincuentes que llenan nuestras noticias no son solo un problema de corrupción o cleptocracia personal, sino un problema de malas reglas y de incentivos perversos en el pacto fiscal del federalismo mexicano.

Ese pacto deja en los estados mucho dinero suelto del que no hay que rendir cuentas. Ese es el origen estructural de la epidemia de escándalos de gobernadores que vemos, con lo que quiero decir que la epidemia tiene cura, puede arreglarse cambiando las reglas del pacto y realineando los incentivos.

Es un hecho que la democracia descentralizó el gasto público federal y enriqueció a las haciendas estatales, pero no las hizo responsables.

El dispositivo que convirtió la abundancia presupuestal de estos años en una invitación a la irresponsabilidad financiera y a la corrupción fue el concepto mal entendido, entendido abusivamente, de la soberanía estatal.

En ejercicio abusivo de esa soberanía, la facultad de autorizar el gasto federal en los estados quedó en manos de los congresos locales. Esta facultad ha tenido con el tiempo el más torcido y corruptor de los efectos.

Los gobernadores metieron al reparto de la bolsa federal a sus legisladores y a su oposición, a su comunidad empresarial, a los medios locales y, al final, pudieron ejercer esos recursos a su arbitrio.

Los congresos locales no fueron los vigilantes sino los cómplices del ejercicio presupuestal de sus gobiernos. El mecanismo constitucional de control y competencia entre poderes se volvió de anuencia y complicidad, y esta es la piedra de toque de buena parte de la corrupción que sacude a la República.

Con el dinero de la segunda fiesta petrolera, los presidentes de la democracia aceitaron al Congreso federal, el Congreso federal aceitó a los gobernadores y a los municipios, los gobernadores aceitaron a sus congresos locales, que les aprobaron todos sus gastos.

Hubo dinero de sobra para hacer política y para crear la red horizontal de corrupción cuya diaria evidencia nos abruma.

[email protected]