La economía no está para presumirse; de hecho, hay datos desastrosos.

La realidad es que no había muchas cifras económicas que presumir en el discurso del Presidente, con motivo de la presentación de su segundo Informe de Gobierno.

La economía no está para presumirse, a pesar de que se le quieran acomodar algunos datos que le laven la cara al poco decoroso comportamiento de los indicadores de crecimiento.

De hecho, hay cifras desastrosas, como el comportamiento de la Inversión Extranjera Directa durante el segundo trimestre del año, cuando las nuevas inversiones en este país fueron negativas en 3 mil 200 millones de dólares.

La competitividad, medida por el indicador del Foro Económico Mundial, bajó en México básicamente por el actuar del gobierno en el terreno fiscal y por la prevalencia de altísimos niveles de corrupción.

Ha habido la tentación de presentar como un triunfo económico local el incremento en el monto de remesas hasta julio pasado. Si bien es positivo que aumente este flujo de divisas, especialmente dólares desde Estados Unidos, es en todo caso un reflejo de la mejora en la economía del vecino país del norte.

Repentinamente los interesados en ponerle buena cara a la economía mexicana encontraron atractivo el índice manufacturero del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF). El mismo que muchos medios ignoraron durante junio cuando presentó una baja de 2.2 por ciento, ocupó los lugares estelares con el dato de agosto de un crecimiento de 2.2 por ciento.

Apenas cacareaban el dato del IMEF cuando llegó la encuesta de especialistas que realiza el Banco de México. Y la realidad es que no es importante el pronóstico de crecimiento para este año, primero porque ya estamos en septiembre y segundo porque ya se parece mucho a la expectativa del gobierno. En todo caso habría que poner más atención a que no han modificado su optimismo para el 2015, año para el que estiman algo cercano a 4 por ciento.

Lo realmente atendible de la encuesta es la lista de causas que ven ellos como lastres para crecer. El número uno es la inseguridad pública que hoy pesa como nunca entre los analistas, el segundo es la debilidad de mercado interno tan evidente y preocupante. Y el tercero es que a los ojos de estos expertos la política fiscal que se aplica sigue frenando la economía.

Es cierto que las expectativas juegan un papel fundamental para crear un círculo virtuoso en la economía, pero llegar al colmo de comparar peras con manzanas y cacarear como noticia principal un crecimiento de 1 por ciento del PIB, porque es el más alto en un trimestre dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), habla de la urgencia política de mandar señales.

La misma OCDE nos ubica en los últimos lugares de bienestar social, educación y salud, por tan sólo poner tres ejemplos de nuestros retrasos frente al resto de los integrantes de ese club.

La apuesta por las inversiones derivadas de las reformas estructurales y la reactivación económica producto de la creación de infraestructura dará resultados de aquí en adelante. Pero vaya que son temas pendientes el mejoramiento de la seguridad y el combate a la corrupción.