La nueva doctrina Donroe replica e implica los orígenes de la Monroe: la división en zonas de influencia. En otras palabras, la complicidad de los poderosos
El presidente de los Estados Unidos, James Monroe, anunció ante su Congreso en 1823 la doctrina que iba a adoptar su nombre 27 años más tarde: eso de que América es para los americanos.
En su tiempo, cuando los países americanos estaban estrenando independencia (Estados Unidos en 1776; México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Perú, dizque en 1821; Brasil y Bolivia en 1825), el concepto de James Monroe hacía razón y estrenaba un principio geopolítico que hasta el día de hoy se repite permanentemente: la división del mundo en zonas de influencia.
Monroe se comprometía explícitamente a no meterse en los asuntos del colonialismo europeo y sus dominios, mientras Europa —mayormente el Imperio británico— sacara sus narices de América.
América es para los americanos, decía el gringo.
Ese precepto, como si fuese calzón de puta, se llevó de arriba para abajo muchas veces, manoseado. En su mayoría, la interpretación fue de América para los estadounidenses, dando pretexto a las muchas intervenciones del gabacho en nuestros territorios. Si el ideal hubiera funcionado, la intervención francesa en México hubiese tenido otro destino. Pero el hubiera no existe, y eso ya es costal de otra harina.
La harina que nos importa hoy es que la nueva versión de la doctrina Monroe, que va a permanecer un rato —y si Marco Rubio sucede a Trump en la presidencia de los Estados Unidos, rato largo— debiera llamarse doctrina Donroe. En su interpretación más burda quiere decir que el Gobierno de los Estados Unidos tiene el derecho universal de intervenir en los asuntos internos de cualquier país del mundo, si la conducción de la cosa pública en tal o cual territorio no empata con la manera de pensar del presidente de los Estados Unidos.
No solamente en América. En Siria, Irán, Camerún… o Groenlandia.
La nueva doctrina Donroe replica e implica los orígenes de la Monroe: la división en zonas de influencia. En otras palabras, la complicidad de los poderosos. Trump puede hacer lo que quiera en su zona de influencia, del Bravo a la Patagonia. Vladímir Putin puede seguir con su invasión y eventual dominio de Ucrania. Xi Jinping no debe tener temores en cuanto a Taiwán como parte de la China continental.
Europa, tan demeritada en su ancestral poderío, se quedará como el chinito: nomás milando.
Independientemente de lo que pensemos del chavismo y su secuela en Venezuela, estamos presenciando una agresión y un saqueo de las menores, medianas o enormes riquezas petroleras de un país. La exigencia de una cuota del petróleo venezolano para entregarlo a los Estados Unidos es una barbaridad expoliante. Me dicen que el petróleo venezolano es casi tan pinche como el mexicano, abundante en azufre y necesario de procesos complicados y caros para darle valor.
Pero el tema no es ese: mi petróleo es pobre, pero es mío.
La doctrina Donroe está mirando en dos sentidos: al sur, México; al noreste, Groenlandia.
PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): La joya de la corona del papá de Andy se cuece a fuego lento, pero seguro. El libreto de la reforma electoral elaborado, sancionado y aprobado en Palacio Nacional, sin participación de otras mentes que no fueran morenas, ya fue entregado.
Los borregos legisladores se han comprometido ya a tener listo el pastel en marzo, en periodo regular de sesiones. La reforma electoral no solo va a ser aprobada, sino incluso celebrada popularmente. ¿Quién puede estar en contra de que haya menos legisladores pránganas? ¿Quién en que ganen menos?
Si en este rasero se cepilla a las minorías, que son indispensables en toda democracia real, eso a nadie le importa un carajo.
