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“Nadie te castigará por tu enfado; será el mismo el encargado de castigarte”:
Proverbio budista

En 1981, Carlos Tello Macías y Rolando Cordera, publicaron el libro “México, la disputa por la nación: Perspectivas y opciones de desarrollo”. En el documento, ambos investigadores, construyen un escenario que terminaría por concretarse pocos años después en donde plantean la confrontación de dos proyectos político-económicos: uno al que denominan “neoliberal”, y otro más al que se refieren como “nacionalista”.

Siete años después, el escenario tomó forma con el rompimiento de la llamada “Corriente Democrática” encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez con el PRI, después de la designación de Carlos Salinas como su candidato a la Presidencia.

Cordero y Tello explicaban que el proyecto “neoliberal”, traería consigo la perspectiva de una acelerada integración global con la sociedad norteamericana y su implementación requeriría un “periodo de ajuste” con “mayor marginalidad y polarización”, en contraste señalaban los investigadores, se produciría un mayor consumo, así como “un crecimiento relativamente rápido” que provocaría “una mayor detención del contenido de masas” que había dado forma al Estado Mexicano post-revolucionario.

Los académicos explicaban que el segundo proyecto al que llamaban “nacionalista” o “progresista”, implicaba la “reactualización del proyecto cardenista” que entrañaba un vasto programa de reformas económicas y sociales destinadas a lograr “una efectiva integración económica nacional y una disminución sustancial de la desigualdad y la marginalidad prevalecientes”. En 1988 y en 2006, los “aparatos de poder” formales e informales, evitaron que el llamado proyecto “nacionalista-progresista” accediera al poder federal.

Durante 30 años, el proyecto neoliberal consolidó su poder sin concretar avances sustanciales para el desarrollo nacional: propicio un tímido crecimiento económico del 2% en promedio; robusteció las relaciones con la iniciativa privada propiciando el enriquecimiento personal y grupal de los “aparatos de poder”; y los beneficios de tales interacciones no se reflejaron en la disminución de los índices de marginación y pobreza en el país.

A pesar de la creación y fortalecimiento de diversos programas de carácter social como el Pronasol- base de los programas de asistencia posteriores-, la política económica neoliberal no pudo revertir en ese periodo, el nivel de pobreza, desigualdad y marginación que alcanza al 50 por ciento de la población.

Los niveles de inseguridad, corrupción, impunidad y pobreza favorecieron el arribo del proyecto nacional-progresista al poder en 2019.En los últimos 30 años, el proyecto neoliberal se redujo al oportunismo, al usufructo y a la conveniencia.

El escritor Juan Villoro al conocerse la alineación pre-electoral de la plataforma “Sí por México” afirmó: “la alianza PRI-PAN-PRD es el fin de las ideologías; lo deseable sería que desaparecieran”.

Ver en las listas plurinominales de la Alianza “Sí por México”, nombres como el de Margarita Zavala, Santiago Creel, Cecilia Romero, Rubén Moreira, Alejandro Moreno, Ismael Hernández o perredistas como Guadalupe Acosta y Fernando Belaunzarán, muestran que, en esos partidos, no hay opciones ni renovación, sino simulación.

Sin embargo, un proyecto nacional progresista como el que pretende representar Morena requiere mucho más que el esfuerzo y liderazgo de una sola persona. El caso de Félix Salgado Macedonio, acusado de violación, es un ejemplo de que el neo-partido no está exento de los balbuceos y los “dundos” de sus líderes que se encuentran empecinados en fortalecer la candidatura presidencial del canciller Ebrard.

México está más allá de dos proyectos. Un proyecto progresista con futuro debe conciliar una visión liberal de la economía con el fortalecimiento de un Estado benefactor que proteja las garantías fundamentales de la gente como la salud, la seguridad, la educación, así como los anhelos solidarios que el cambio global y la pandemia viral están propiciando.

La disputa por la nación prevista por Tello y Cordera sigue vigente, en tanto, México no tenga los mínimos niveles de bienestar para la mayoría de sus habitantes.

De la libreta

  • Un ejemplo de la “farandulización de la política” es el gobernador de Morelos, Cuauthémoc Blanco. Buen futbolista, pésimo gobernante.
  • El Estado de México es la entidad con el mayor número de muertes durante la pandemia. A 11 meses de la aparición del virus en el planeta, más de 88 mil mexiquenses han fallecido por complicaciones asociadas al COVID 19.
  • Especialistas de la UNAM señalan que el 25 por ciento de las personas entre 18 y 65 años han padecido en algún momento de su vida un trastorno mental, pero solo una de cada cinco recibe tratamiento, y ahora con el confinamiento se ha complicado provocando miedo, ansiedad y depresión.

@HectorHerreraAR