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Dedicaré las columnas de esta semana a contar una historia de destrucción neta de valor lograda mediante el concurso de dos instancias de inversión que deberían haber producido precisamente el efecto contrario: multiplicar el valor.

No intento una denuncia ni una acusación, solo una crónica de las trabas destructivas que puede encontrar en México una empresa de alta creatividad tecnológica y baja disponibilidad de capital.

Es la historia de la empresa de diseño industrial Tecno Idea, fundada en 1987 por los hermanos Daniel y Carlos Mastretta, quienes, luego de 20 años de exitosa existencia, en el año de 2007, decidieron hacer el primer auto diseñado y producido en México por mexicanos.

Un año después, había salido de su taller el prototipo del Mastretta MXT, un auto deportivo de nicho, que fue escogido entre los diez mejores que se presentaron en el Auto Show de Londres del año 2008.

Para 2010, el Mastretta MXT había obtenido las certificaciones nacionales necesarias para venderse en el pequeño mercado mundial de su categoría (40 mil automóviles al año).

Era el momento de producir en serie y salir efectivamente al mercado. Para esto hacía falta un capital que los hermanos Mastretta no tenían. Lo encontraron en un fondo de inversión llamado Latin Idea Ventures, que acudió al proyecto bajo el liderato de un reputado empresario, Miguel Ángel Dávila, famoso por su creación de la cadena Cinemex.

Para invertir, Dávila y sus socios estimaron el valor de Tecno Idea en 2.5 millones de dólares. Invirtieron un millón más, lo cual elevó el valor de la empresa a 3.5 millones. Era febrero de 2010.

En julio de 2013, Nafinsa acudió al proyecto con el compromiso de invertir 4 millones de dólares más, en dos partidas. Al efecto, estimó el valor de Tecno Idea en 6 millones de dólares, y aportó la primera partida por 2 millones, lo cual, sumado a lo que aportaron los accionistas ya existentes, elevó el valor de la empresa a 8.75 millones de dólares.

Un año después, Tecno Idea había sido cerrada.

¿Qué pasó? ¿Cómo pudo un proceso de inversión privada e inversión pública destruir el valor de una empresa en vez de multiplicarlo?

Esa es la pregunta que quiere responder esta crónica.

(Mañana: 2. El inversionista privado)

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