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Vaya que a todos los que respaldan la 4T les ha costado trabajo festinar y defender, como lo hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador, ese ínfimo crecimiento de 0.05% (redondeado por el Inegi en 0.1 por ciento).

A lo más que atinan los simpatizantes del régimen es a suponer que hay frustración de los neoliberales porque no hubo recesión técnica. Sin ponerse a pensar que los más afectados por el estancamiento económico son los agentes productivos.

Todas las reacciones que se han dado en torno del reporte oportuno del comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB) al cierre del segundo trimestre son una síntesis de la condición económica actual del país, por lo que festinar que “hay crecimiento” y que no hay recesión no es más que un mecanismo de defensa ante una realidad irrefutable.

Dicen los psicólogos que el mecanismo defensivo de la negación hace que el individuo ignore o rechace aquella realidad que le resulta indigerible, porque reconocerla le obligaría a tomar alguna acción al respecto. Aplica como anillo al dedo esta definición.

El “requetebién” que aplica el presidente a la condición económica, basado en los otros datos que a él le entregan, aunque la autoridad hacendaria publique cifras diferentes, se inscribe en esa negación que permite no cambiar la forma de hacer las cosas.

Pero en el mundo real, entre los agentes económicos, hay una visión diferente de la condición económica del país.

No hay crisis, no hay desajustes macroeconómicos inminentes, no hay recesión. Cierto. Pero no hay tampoco la percepción de un rumbo que permita que el PIB mexicano mantenga al menos los crecimientos inerciales de años pasados.

Los indicadores de confianza empresarial están rompiendo los pisos de la credibilidad. El Inegi publicó ayer estos indicadores y, por ejemplo, en el caso del indicador de confianza empresarial manufacturero correspondiente a julio pasado, ya perforó el nivel de 50 puntos que divide a los que creen de los que desconfían.

En el índice correspondiente a la industria de la construcción se ha navegado en la desconfianza empresarial desde aquellos meses en que el presidente electo López Obrador canceló el aeropuerto de Texcoco.

Y el indicador de confianza de los empresarios del sector comercial ha marcado una línea en picada a punto de estrellarse con esa frontera de los 50 puntos.

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