La crisis de Volkswagen no solo es ya un tema de reputación e imagen, sino que calará en sus finanzas, en la solidez de su valor accionario y, sobre todo, genera el riesgo de que algunas sus líneas de ensamblaje regionales o internacionales sean afectadas lo que –irremediablemente- impactará en las cadenas de producción y, por ende, en economías locales..

Si bien la crisis inició con la orden de la Agencia para la Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés) de que Volkswagen debía retirar medio millón de automóviles con motores a base de diesel, la aceptación de la automotriz de que había en el mundo 11 millones de vehículos con software que trucaba el nivel de emisiones escaló el problema.

El daño financiero empezó el lunes de esta semana con una pérdida de alrededor de 17 mil millones de dólares que se incrementó el martes hasta situar el daño en un nivel de alrededor de 40 por ciento del  valor del mercado bursátil de la empresa alemana, más el costo de quitar el software en cuestión y lo que se vaya juntado, como las demandas colectivas que ya están empezando a preparar algunos buffetes en Estados Unidos y Canadá que piden miles de millones de dólares arguyendo prácticas empresariales fraudulentas, en defensa de consumidores e inversionistas bursátiles.

Ni que decir de la renuncia de su Presidente Mundial de Volkswagen,  Martin Winterkorn, ante el Consejo Directivo, quien debió reconocer el grave error en que incurrió la empresa automotriz que, por muchos años, era reconocida por la calidad de sus vehículos, aunque se deslindó de haber tenido conocimiento de la maniobra técnica.

El tema sigue escalando y seguramente no parara en los próximos días.

En México, la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal del Protección al Ambiente (Profepa) anunciaron una revisión a los once tipos de motores que instala Volkswagen en sus automóviles que podrían tener el software truca-emisiones, a fin de determinar si desde 2009 hay vehículos con esa característica que hubieran colocado en el mercado mexicano.

De igual manera, en Francia y Corea del Sur, entre otros países, han abierto procesos de investigación.

En el caso de México es sabido que cualquier estornudo en Volkswagen puede representar una gripe para la economía regional en la zona de Puebla por la relevancia de la empresa automotriz y su impacto en las cadenas productivas y la derrama económica. La crisis de la empresa sería cualquier afectación a sus líneas de producción, sobre todo las que tienen como foco central el mercado de Estados Unidos.

Datos ventilados públicamente por Volkswagen señalan que en Puebla se fabrican 3 modelos a base de gasolina y diésel que tiene como destino Estados Unidos: los llamados Escarabajo, el Jetta y el Golf.

En declaraciones recogidas por la BBC, el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, aceptó que la situación de la principal empresa situada en territorio poblano generará problemas, sin saber de qué magnitud.

“Una situación de esta naturaleza va a impactar a corto plazo las ventas, la capacidad de exportación y, por consiguiente, la producción que realiza la planta armador en el estado”, dijo el gobernante de Puebla.

No es para menos, ya que Volkswagen es generadora de 18 a 25 por ciento del Producto Interno Bruto de (PIB) de Puebla.

La crisis de Volkswagen apenas está en su etapa de escalamiento.

La verdadera crisis vendrá en los efectos desfavorable que generará el hecho de que se descubrió la instalación del software truca-emisiones.

Habrá incertidumbre durante algún tiempo en torno a la respuesta de los inversionistas bursátiles, la reacción de los consumidores que compran vehículos en Estados Unidos y otros países y los efectos en las cadenas de producción ante un previsible descenso en las ventas, particularmente las de exportación hacia Estados Unidos y otras naciones.

Volkswagen ha centralizado la comunicación. En México la posición es sólo la que Alemania permite. Es correcto, pero tendría que replicarse.

El hecho concreto, real de momento, se resumen en una expresión muy coloquial del Presidente de Volkswagen en Estados Unidos, Michael Horn: “la hemos cagado completamente”.

PostScriptum.- El tema Ayotzinapa ha quedado como una crisis latente. Ya un año.