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Dividido y desorganizado, Morena se encamina a las elecciones de 2021. La escalada de acusaciones entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado deja poco margen para que el partido salga unido del proceso de renovación de dirigencia. Y el pleito no solo se da a nivel nacional, como lo muestran más de la mitad de los comités directivos estatales acéfalos.

Morena tiene mejor aceptación en la opinión pública que el PAN o el PRI porque, al margen de sus conflictos, lo que más pesa en sus evaluaciones es el Presidente. Su imagen se mueve en paralelo a la aprobación presidencial.

Sin embargo, hay un dato que no podemos ignorar: la trayectoria del Presidente siempre corre por encima de la de su partido; un fenómeno que ha tenido clara expresión electoral. En 2018, el voto a favor del Presidente superó por más de 10 puntos porcentuales al de Morena y sus aliados en las diputaciones federales.

Ese mismo año, en nueve entidades, los candidatos a gobernador de esa coalición quedaron hasta 20 puntos por debajo del voto que obtuvo el Presidente. El próximo 6 de junio la elección federal coincidirá con la de 15 gobiernos estatales.

La diferencia es que esta vez Andrés Manuel López Obrador no estará en las boletas. Morena no tendrá ese empuje y, por lo tanto, su voto para las diputaciones federales quedará más expuesto a su propia capacidad organizativa y a la dinámica de las elecciones locales.

Si bien la gestión presidencial pesa en las elecciones intermedias, el resultado no siempre refleja la aprobación del Presidente en turno. En 2003, el PRI superó por 70 diputados al PAN, aunque Vicente Fox tenía una aprobación cercana a 60 por ciento.

Al final, los partidos tienen que organizarse, proponer buenos candidatos, hacer campañas eficientes, registrar representantes de casilla y cuidar el voto. Y hoy, pese a estar golpeada a nivel nacional, la oposición tiene recursos, pues controla la mayoría de los estados y no luce tan dividida como Morena.

Si este partido ha de capitalizar la ventaja que le da la aprobación presidencial y su imagen para refrendar su mayoría en la Cámara de Diputados, necesariamente tendrá que superar sus divisiones y enfocarse ya en las elecciones.