Un patrón común en las crisis es que, a pesar de que los tomadores de decisión tienen  responsabilidad directa o indirecta en los hechos, tienden a culpar a los demás de los factores que condujeron a la situación crítica o, peor aún, a sentirse atacados por todos y por tanto a colocarse en el papel de mártires o, simplemente, a descalificar a quien no comparte su perspectiva.

Eso es lo que está pasando con la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que se está desmoronando por sus yerros, omisiones o conveniencias. La crisis para ellos se exacerbó con la repudiable desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, no sólo porque se quiso cobijar al gobernador con licencia Ángel Aguirre Rivero y no haber hecho los deslindes tajantes sobre la cauda de hechos que sobrevinieron: su distancia con los padres, su querer y no querer reconocer que el alcalde Abarca sólo era uno de tantos presidentes municipales abanderados por el PRD que -se ha descubierto- están ligados con la delincuencia organizada, son ladrones del erario o están imbuidos en componendas en la asignación de contratos.

Están desesperados, se están quedando solos y cayendo en la preferencia electoral para este año tanto en su bastión en el Distrito Federal como en otras entidades, lo cual ha sido documentado por varias encuestas hechas públicas a través de los medios periodísticos.

Su Iglesia perredista –construida con tanto esfuerzo y tanta negociación por años para aglutinar a las izquierdas y las corrientes democráticas para ser una de las mejores opciones en el país- la han lapidado ellos, en el afán de mantener el control absoluto.

La grey los abandona; Papas (Cárdenas y López Obrador) y cardenales y obispos (Delgado, Ebrard y otros incluyendo a Monreal y Fernández Noroña) los han dejado. No son ya la opción evangelizadora ni la vía a la liberación ni la redención de las almas.

Los Chuchos están destruyendo lo que pudo ser una opción de gobierno. Abandonaron los ideales y la filosofía por el pragmatismo, aun  vendiendo su alma al diablo.

Pero como ocurre en los patrones de crisis, y en la mayoría de estos casos, se sienten atacados. Entienden que sólo se hace notar en los medios toda la cauda de yerros que Los Chuchos han dejado pasar en aras del pragmatismo. 

Por ello los cuestionamientos a Julio Hernández López, editor de La Jornada de San Luis Potosí y columnista de La Jornada.

Por eso su anatema clerical lanzando contra Joaquín López-Dóriga al llamarlo Anticristo porque ofende a su Iglesia, la Iglesia que –fuera de los avances alcanzados en la ciudad de México- ha perdido almas por inacción, desdén, conveniencia, orgullo desmedido y soberbia.

Andrés ha de estar muerto de la risa. 

En curso está la posible salida de militantes, anunciada por el cardenal Encinas quien calificó de “burócratas” a los Chuchos.

El asunto no es mediático, se equivocan. La crisis invariablemente ha pasado por los medios periodísticos porque los hechos en que los personeros del PRD se han visto envueltos con corruptelas o ligas delincuenciales son inocultables. Y eso va desde los Abarca hasta el delegado Valencia de Iztapalapa.

Acusan que no se ha dado realce a otros hechos y personajes involucrados en temas de escándalo.

Duele el golpe por el impacto que tiene Televisa, sin duda. Pero Los Chuchos olvidan otra conseja en la gestión de las crisis: entender la dinámica de los medios. Desde hace muchos años en México hay muchos medios periodísticos y ahora muchos espacios cibernéticos.

Olvidan o desconocen que, como ocurre en todos los países del mundo, los medios periodísticos no son homogéneos y los periodistas –en su plena libertad- tienen su propia línea editorial.

Los medios en México no son el Granma cubano ni los viejos periódicos soviéticos.

La prensa en cualquier país es un espacio, arena, donde también se da la batalla política. Y esto no lo entienden o desconocen Los Chuchos (¿de veras son tan ingenuos?). Los mismos medios estadunidenses juegan un rol claro en la contienda entre republicanos y demócratas.

El Universal en Venezuela es bastión de los opositores a Maduro y su antecesor, Chávez.

El lamentable caso de la revista satírica Charlie Hebdo de Francia es otro caso de una prensa distinta. Si los fanáticos musulmanes creen que con la muerte acallarán la manera distinta de pensar, están en un grave error.

Fanatismo religioso. Uso clerical del discurso para esconder la intolerancia, cual Chuchos.

Estigmatizar, pelear con los medios, es la peor conseja. Tratar de obligar a que un medio sea afín es como pedir a Carmen Aristegui o el fallecido Julio Scherer García que claudiquen de su pensamiento. O a Pedro Ferriz que se alinee. Es cerrarse los espacios y al final lograr poco.

Si bien la réplica es un derecho, existen también los mecanismos para que esto suceda.

El que se ríe se lleva, dice el dicho de antaño. ¿Se les olvidó hacer política a Los Chuchos para envolverse en un juego de epítetos?

Por eso, el anatema de Anticristo, lanzado desde el Papado de la colonia Roma – donde está la sede perredista -o exigir disculpas públicas a Julio Hernández López a través de Twitter sólo evidencia que el agua les ha llegado más allá del cuello, mientras los Papas, Cardenales y Obispos que han abandonado su Iglesia seguramente se regocijan por este nuevo yerro.

PostScriptum.- Un verdadero atraco es el que comete Caminos y Puentes Federales de Ingresos (Capufe) y su operadora en la carretera Chamapa-Lechería. Han pasado muchos meses desde que supuestamente cambiaron los sistemas lectores automáticos de tarjetas IAVE. Pues no. Desde hace meses –también- en la caseta de acceso Madín aparece un letrero que dice que la tarjeta sí es leída pero que el display (pantalla) no sirve. Pero ocurre que la tarjeta no es leída, por lo que cuando el automovilista llega a la siguiente caseta paga el costo de uso de toda la carretera. Por ejemplo –y es experiencia propia- el tramo Madín-Lomas Verdes tiene un costo real de 10 pesos, pero como la tarjeta no es leída, en realidad hay que pagar 89 pesos que el usuario no puede ver de inmediato, ya que es cobro electrónico. Al reclamar este robo, la responsable de la caseta dijo que “desafortunadamente los usuarios están pagando el pato” porque no se ha podido resolver el problema del sistema y que sigue el cambio de lectores. O sea, tampoco han informado de esta situación en Capufe ni su operadora, que constituye un robo en despoblado. El gran problema es que al ser pago electrónico, los usuarios –especialmente los que no tienen  el hábito de leer estados de cuenta- no se dan cuenta de esta situación frente a la que, dijo la encargada de la caseta, “nada se puede hacer” y ante la que tampoco se puede regresar el dinero a los usuarios. ¿Impunidad?